Insta-reseñando “Abbie”, de Sergi Escudero

En el Abbie, un bar clandestino de la Barceloneta, la absenta corre como el agua #novela #libros

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Abbie es la primera novela publicada por Sergi Escudero, barcelonés y periodista freelance para diversos medios, entre ellos Vice Spain o el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Abbie es, también, el nombre de un bar clandestino ubicado en un piso de la Barceloneta -no todo van a ser apartamentos de alquiler para turistas-, abierto por un camionero retirado que quiere pasar los últimos días de su vida laboral haciendo algo muy diferente a lo que le ha dado de comer durante varias décadas.

En él se dan cita personajes variopintos, unos de paso y otros pertenecientes a esa parroquia fija que cualquiera de nosotros puede encontrar en cualquiera de los bares que hemos convertido en nuestra segunda residencia. La absenta corre como el agua, también los porros, el ácido, las buenas conversaciones y la ausencia de tabúes que permite que, en el momento más insospechado, alguno (a) de los habituales te invite a participar en una partida de strip poker. ¿Cómo negarse ante la insistencia y, por qué no decirlo, el imponente cuerpo de una muchacha como la que acaba de sentarse a tu lado?

Uno de esos clientes fijos es Marc Samper, periodista que malvive como puede con artículos por los que recibe cuatro perras. Hasta que a su buzón de correo electrónico llega el búfalo blanco que todo periodista espera en forma de anónimos detallando con pelos y señales el cómo y porqué de una trama de corrupción internacional en la que están implicados altos -muy altos- cargos del Gobierno.

¿Por qué a él? ¿Con qué intención? Y, lo más importante, ¿dónde publicar la información cuando todos los medios están sometidos al poder político a través de directivos y publicidad institucional, por ejemplo?

La novela, breve -quizás demasiado-, se lee bien, mantiene el interés por la trama y personajes, también por ese Abbie que es uno más de entre todos ellos. Una historia bien narrada que tal vez padezca del mal que suele aquejar a muchas primeras novelas: el deseo del autor de contar demasiadas cosas -cuando una novela debe, en mi opinión, centrarse en un único tema, tiempo habrá para desarrollar otros- en pocas páginas, lo que da lugar a que no se saque todo el partido que merecen algunos personajes y esa trama de corrupción política de la que hablamos y que podría ser el hilo conductor de la novela quede algo diluida y resuelta con demasiada precipitación.

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