Reseñando “La costilla de Adán”, de Antonio Manzini, en Calibre .38

costillaVuelve Rocco, sí, y vuelve para añadir algunos datos a los pocos que conocíamos de su pasado en su querida Roma, en su cálido Trastévere -la Roma que añora como le añoran algunos de sus antiguos subordinados, luego tan mala gente no será-, antes de ser desterrado al frío de los Alpes, ese escenario en el que su loden y sus carísimos Clarks desentonan lo suyo. Pero cuando uno nace elegante, muere elegante.

Sabremos algo más acerca de esa ambigüedad que demuestra en su relación con las mujeres, siempre dispuesto a saltar de cama en cama pero mostrando fidelidad eterna cada noche a su difunta esposa en esos breves, ingeniosos e ilustrativos diálogos con que suele terminar cada jornada de trabajo.

Profundizaremos en su actual vida laboral, que transcurre rodeado de ineptos salvo por lo que respecta a Italo Pierron, policía tan corruptible como él mismo -o sea, lo justito para redondear ingresos pero sin abusar- o al forense Fumagalli, dotado de un humor ácido y negro como procede si quieres tomarte en serio semejante profesión y no morir en el intento.

Lee mi reseña de la novela en Calibre .38

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