Reseñando “El alcornoque de los muertos”, de Fernando Roye, en Calibre .38

alcornoqueAproximadamente un año después de su debut, llega la segunda entrega de las aventuras protagonizadas por el sargento de la Benemérita Carmelo Domíguez, ese hombre de desconcertante mirada negra y azul creado por Fernando Roye.

En El caso de la mano perdida, la novela que supuso la aparición del personaje, Roye hacía gala de un humor exquisito, sutil y por momentos incluso algo naíf para narrar de un modo soberbio las idas y venidas de la mano de un cadáver que, dentro del bolsillo de Domínguez, se recorre media Sierra Morena de los años cincuenta al tiempo que nos cuenta, con acertadas pinceladas, como era la vida cotidiana en una casa cuartel y un pueblo de provincias de la época.

En El alcornoque de los muertos, una obra más madura y elaborada que la primera, Fernando Roye prescinde en parte de ese humor que caracterizó su primer trabajo -aunque seguiremos encontrando toques que nos arrancarán una sonrisa- para centrarse más en el aspecto humano, en la dificilísima convivencia en entornos tan cerrados como el que representa una pequeña comunidad de varios cientos o miles de habitantes en los que el bando ganador del golpe de Estado de 1936 ha copado posiciones y está representado en todos los frentes, desde el alcalde al cura, desde el cacique al estraperlista de turno.

Lee mi reseña de la novela en Calibre .38

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