“Candy City”, excelente homenaje a los Thompson, Hammett y compañía

Candy+City portada novelamasquenegraPor aquí se dice que si uno cava al pie de un árbol es casi seguro que encontrará un cadáver. Los viejos cuentan esa clase de historias, pero yo jamás las he creído, pues Candy City está rodeada de inmensos fresnedales que se extienden hasta Oxfield y más allá. Estoy seguro que desde la fundación de la ciudad, mucha gente ha sido asesinada, pero es imposible que haya un muerto por fresno. Sin embargo, Louie y yo dimos aquel día con un antiguo cadáver.

En Candy City, cualquier, en cualquier momento, puede tener motivos para matarte.

“Para meterle miedo a un tipo, pero no miedo a que te den una paliza, sino miedo de verdad, basta con sacar las tijeras de podar, y rebanarle un par dedos de los pies; quedará cojo para toda la vida, pero podrá hacerse todas las pajas que quiera”, decía Craig. “No es necesario llevar encima un botiquín de emergencia. Que se busque la vida, el gilipollas. Si se desangra será culpa suya y de nadie más. Que se joda”.

Se sale uno de las editoriales habituales, de los autores presentes siempre en toda red social o festival del género que se precie y se encuentra, en ocasiones, con libros tan estupendos -y, desgraciadamente, discretos en lo que se refiere a su exposición al público- como este Candy City de Alberto López Aroca, de quien había oído hablar en alguna ocasión pero todavía no había tenido ocasión de disfrutar de ninguna de sus novelas.

Admirador y cultivador del pastiche holmesiano, mitógrafo creativo como se define en su web (de imprescindible visita para quienes busquen emociones fuertes y libros muy especiales y no solo del autor), Candy City es un maravilloso homenaje a los padres fundadores de la novela negra norteamericana y, en concreto, a ese Jim Thompson de mis amores presente en el nombre del protagonista, Jonathan Thompson, hijo de policía y nieto de juez.

Un Jonathan Thompson que, lejos de seguir los pasos de padre y abuelo -quienes, dicho sea de paso, tampoco es que fueran modelos de conducta muy apropiados para un chaval de la época- decide ponerse al servicio del capo local James McCulloch, jefe absoluto de Candy City, la ciudad de los caramelos, una localidad cercana al Chicago de principios del siglo pasado que recuerda en cierto modo al Poisonville del Hammett que, por cierto, también hace un pequeño cameo en el libro que nos ocupa. Un Jonathan Thompson que, acompañado de su inseparable Louie Katzenberger, irá pasando de la infancia a la adolescencia y primera juventud, creciendo en prestigio dentro de su entorno a la par que crece la violencia de sus actos, ya sean por encargo o por propia iniciativa.

Candy City funciona a las mil maravillas como diario de Jonathan y testimonio de una de las épocas más brillantes de la delincuencia organizada en los USA, tiene acción desenfrenada, diálogos incisivos y personajes de gran entidad. También humor. Cafre, pero humor. Todo ello condensado en alrededor de 200 páginas que se leen con sumo gusto por un friki del género como es servidor de ustedes.

Por si fuera poco lo anteriormente dicho, la edición está acompañada de 20 ilustraciones interiores de Sergio Bleda, autor también de la impactante portada del libro.

Editada originalmente en 2010, esta novela que hará las delicias de los amantes de los clásicos vuelve a estar a disposición del respetable. Yo de ti no dejaría pasar la oportunidad, forastero.

Candy City
Alberto López Aroca
Ilarion

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