Cinco horas con Ricardo

MANDA FLORES 1Teresa Suárez

Nuevamente la vieja, y siempre renovada, sensación que experimento cada vez que abro un libro de esos que transforman mi Comunidad en una auténtica Mancha Negra, que diría mi amigo Juan…..

Este fin de semana el otoño, por fin, llegó a mi achicharrada ciudad: “Un golpecito en el cristal, como si hubieran tirado algo; luego, un caer ligero y amplio, como de granos de arena lanzados desde una ventana de arriba, y por fin, ese caer que se extiende (…) adopta un ritmo y se hace fluido, sonoro, musical, incontable, universal: llueve”. ¡Nadie como Proust para describir percepciones sensoriales!

El sonido de las gotas cayendo sobre las calles empedradas invita a los desacostumbrados toledanos a quedarse en casa, presos de esa somnolencia que cada cual sobrelleva como mejor sabe y le apetece.

Tiempo para el disfrute hedonista que yo decidí emplear en tener una aventura con mi jefe. Tópico lo sé, pero que quieren que les diga, una no es de piedra y cuando un hombre le manda flores, aunque sea a su entierro, no puede evitar sentirse halagada.

Y aquí me tienen, tendida en mi sofá cual larga soy, buscando esas mariposas en el estomago que dicen que se sienten cuando inicias una nueva relación con la que te encuentras muy ilusionada.

Al morbo, que lo hay y mucho, ha contribuido seriamente el señor López Marañón, miembro de la banda, quien en una de sus primeras colaboraciones para Calibre 38 escribió unos elogios tan encendidos de novela y autor que despertó en mi esa vieja del visillo (como buena castellanomanchega constituye una de mis múltiples personalidades por más que reniegue de ella) que me lleva a advertirte: Ricardo cuidadico conmigo porque voy a pillarte.

Para conocer el argumento lo mejor es que lean la reseña de mi compañero Manu y así podré centrarme en las sensaciones que la lectura de Manda flores a mi entierro me ha provocado.

Si tuviera que explicar lo que es esta novela no utilizaría expresiones como dejarse llevar por el entusiasmo, vibrante resolución del caso o esta visita dinamita la trama del libro por los cuatro costados. Además de encontrarlas excesivas, creo que dan la imagen de una historia que se desarrolla a un ritmo frenético cuando, en mi opinión, es todo lo contrario. Yo la encuentro contenida y deliberadamente lenta, probablemente para diferenciarla de esas otras en las que la acción se mide por el número de balas o cuchilladas con las que el asesino de turno deja su impronta en unos cadáveres que se cuentan por capítulo y, en ocasiones, casi por páginas.

De este libro, que nos habla de Zaragoza, sus calles, costumbres, clase sociales y, entre líneas, del trovador que narra la historia, coincido con Manu en destacar el interés del autor en crear un universo propio, una atmosfera patria que haga más cercano, y por tanto más creíble, el conjunto.

Pero yo sigo con la mía, porque a cada palabra, a cada giro, me pregunto ¿se llega a conocer a una persona través de lo que escribe? Puede que sí o puede que no. Voy a arriesgarme a elaborar un perfil criminal de este cronista de sucesos turbios (no nos conocemos personalmente pero mantenemos correspondencia electrónica desde hace tiempo) con el que acabo de intimar por vía lectora.

A través de Manda flores a mi entierro intuyo un hombre solitario que se empeña en ser sociable por necesidad o cordura. Un tipo serio que libera su retranca solo en confianza.

Su afición por esas exuberantes bibliotecarias, cuyas imágenes suele colgar, muestran su gusto por unir aficiones y placeres, todo sea por la causa.

Sutilmente intenso, se muestra como un hombre apegado a la tierra, amante de la familia y añorador de tradiciones casi obsoletas.

Un silencioso pensador que se truca en hablador cuando la ocasión, y sobre todo la compañía, invitan a ello.

¿El mayor mérito de Manda flores a mi entierro? Creo que su ambientación. Narrar la trastienda criminal de tu propia ciudad, si nunca has entrado en ella, y sin dejarte llevar por tentadoras veleidades sangrientas que distraigan la atención del lector de las posibles carencias del relato, es complicado porque los crímenes son algo que siempre ocurre lejos, en otro lugar y a otras personas.

¿Es entretenida? Sí.

¿Un defecto? En ocasiones los toques de humor resultan forzados.

¿Se trata de una novela escrita en estado de gracia? No me atrevería a decir tanto.

Ahora vas y lo cascas.

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