2016, una gran añada de novela criminal

 

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Acaba el año y parece que se impone hacer una relación con las mejores lecturas del año -en mi caso, siempre dentro del género criminal- o no eres nadie. Y la cosa está complicada para limitarme a las consabidas 10 mejores pues ha sido un año que me ha deparado varias sorpresas y unas cuantas confirmaciones, amén de un montón de grandes novelas que me han alegrado estos últimos 12 meses. Toca mojarse, pues, y quiero hacerlo en caliente, sin meditarlo demasiado, basándome en las que recuerdo sin tener que consultar reseñas ya publicadas, apoyándome solo en mi memoria y en el gintonic que está a mi lado diciéndome “bébeme y déjate de hostias”. Eso sí, poco diré de cada uno de mis seleccionados pues de casi todos me he manifestado ya en blogs y redes varias.

Empezamos por los de fuera y destaco cuatro títulos: Yeruldelgger. Muertos en la estepa, de Ian Manook, novela que combina lo espiritual -a veces con un pelín de exceso- con la violencia cuasi gratuita en línea con clásicos como aquel Yo, el jurado del señor Spillane; El puñal, de Jorge Fernández Díaz -no confundir con el ministro de interior español, por el amor de dios y Marcelo-; Entry Island, de Peter May, escritor que casi siempre hace lo mismo pero siempre me gusta cómo lo hace; y Río Noir, una colección de relatos brasileños firmados por varios autores tan duros y sucios como solo pueden escribirse allende los mares.

Me quedan seis para completar la lista de diez y los reservo para el producto nativo, empezando con dos confirmaciones del gran talento literario ya demostrado en novelas anteriores: Maldita verdad, de Empar Fernández y Lo que nos queda de la muerte, de Jordi Ledesma. Lo sé, no saldrán en las listas de los periódicos pertenecientes a los grandes grupos editoriales ni entre los más vendidos del cortinglés, pero si te fías más de mí que de esa gente, sabrás que debes hacerme caso.

Y si Empar Fernández cerraba este año su trilogía de la culpa, Paco Gómez Escribano cierra la suya de Canillejas con Manguis, su mejor novela hasta la fecha, negratotal, visceral, quinqui hasta decir basta.

Y termino mi listado con tres sorpresas: los Ojos ciegos de Virginia Aguilera, novela histórico-gótica-criminal-yyanoséquémásetiquetasponerle que transcurre en un pequeño pueblo de Teruel en el siglo XIX y que, justamente, se hizo con el García Pavón de este año; Ful, lo que surge cuando un mosso d’Esquadra como Rafa Melero se pasa al lado oscuro y, llegada casi cuando acaba el año, El santo al cielo, de Carlos Ortega Vilas, en mi modesta opinión, el descubrimiento del año. Y no solo él, también la editorial que le publica, Dos Bigotes.

¿Han sido diez? Espero que sí, no pienso retocar esta lista en una sola línea, mi gintonic me espera y nunca he sabido decir que no a una copa bien servida.

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