Bäckström, esa rareza sueca

da27c0f7-a78f-4b00-b215-2c1723b38ac3-423-00000028767c3d76_tmpComo de costumbre, pensó Bäckström al salir del coche. Alrededor del cordón policial que había ante el bloque se hacinaba el consabido grupo de periodistas y fotógrafos, de vecinos y gente de por allí, y de los que, sencillamente, tenían curiosidad así, en general, y nada mejor que hacer. Además de los alborotadores de siempre, claro está, que seguramente habían aparecido sin cuestionarse mucho cómo ni por qué. Entre ellos, tres perlas bronceadas que aprovecharon para comentar la indumentaria y la pinta de Bäckström cuando este, con cierta dificultad, logró pasar por debajo de una de las cintas.

Bäckström se volvió y se los quedó mirando para memorizar sus caras hasta el día en que se los cruzara en su puesto de trabajo. Era simple cuestión de tiempo y cuando llegase el momento, tenía intención de convertirlo en una experiencia memorable para aquellas criaturas vomitivas.

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