Por qué le llaman indie cuando quieren decir autoeditado


Vivimos tiempos de eufemismos, tiempos en los que nadie quiere ser de derechas sino liberal o, como mucho, conservador. Tiempos en los que miles de personas abocadas al paro deciden abrir una tienda de chuches pero que no se te ocurra llamarles autónomos: son emprendedores.

Bueno, ya lo dijo la ministra: quienes se van del país no son emigrantes, practican la movilidad geográfica.

Así que no resulta llamativo que muchos escritores que -libremente o impulsados por la necesidad- han decidido vender sus libros al margen del sistema tradicional opten por la etiqueta “indie” que mola mucho más que la de “autoeditado”, algo absolutamente legítimo por otra parte, que dios me libre de opinar sobre lo que cada cual hace con el sudor de su frente y el de su teclado.

Pero claro, si quienes se autoeditan se consideran independientes, ¿qué somos quienes, de momento, optamos por el modelo tradicional? ¿Dependientes?

Porque digo yo, ¿no son en realidad las editoriales quienes dependen de los escritores y no al contrario? Vamos, que sin escritores no existirían las editoriales en tanto los escritores existen -existimos, tanto los tradicionalistas como los indies– per se.

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Claro, me dirás si eres indie, lo que pasa es que yo quiero controlar todas las fases del libro, su precio, no atarme a nadie…

Ya. ¿Y acaso no firmas un contrato -en el que tú no tienes capacidad alguna de negociar- que te otorga un determinado porcentaje de beneficios en función del precio que establezcas? ¿que tal vez, incluso, te impide optar por otro canal al margen de aquel con el que firmas?

Mira, como los tradicionalistas.

Y ya, por tocar un poco las narices, ¿no serás en todo caso un escritor independiente dependiente de Amazon?

¿Y no serás, como todos los escritores, los autodenominados indies y los que, por exclusión, pasamos a deber ser llamados dependientes, no serás, repito, dependiente de los lectores, auténticos soberanos del tinglado literario?

Pues eso, menos etiquetas y menos eufemismos que, como escritores que somos todos, deberíamos llamar a las cosas por su nombre.

Que los no indies también tenemos nuestro corazoncito, hombre, y no nos gusta que nos digan dependientes. Drogodependientes, tal vez, pero dependientes a secas…

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La mejor dedicatoria posible de un maestro de la novela negra


IMG_20150302_231249“A mi casi “compatriota” Ricardo, le dedico este libro de amor a la vieja Zaragoza que espero le traiga recuerdos. Un fuerte abrazo, amigo mío.

Francisco González Ledesma.”

Te acabas de ir, pero nos dejas tus novelas, tus calles y tus personajes. Gracias, Maestro.

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Pésimo arranque de la semana: fallece Francisco González Ledesma, fallece Silver Kane


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Empieza fatal la semana, al enterarme de la noticia de la muerte de Francisco González Ledesma a los 88 años de edad y siento que debo escribir siquiera unas pocas líneas a vuelapluma sobre este excelente escritor de novela negra y bellísima persona.

Ganador del Premio Internacional de Novela en 1948 con Sombras viejas, la censura franquista prohibió su publicación por “rojo” y “pornógrafo”.

Con el seudónimo de Silver Kane comenzó a publicar a un ritmo de casi una novela a la semana, convirtiéndose en uno de los grandes de las literaturas populares en España.

Otras novelas más largas solo pudieron verse publicadas tras la muerte de Franco y en 1984 recibe el Planeta por Crónica sentimental en rojo.

Padre literario del comisario Ricardo Méndez, podría recomendar cualquiera de sus novelas, pero si queréis conocer al autor debéis leer su autobiografía publicada con el título Historia de mis calles, cuyo ejemplar guardo en casa como oro en paño, cariñosísimamente dedicado por el autor cuando le conocí en Barcelona y descubrió que era de Zaragoza, ciudad a la que siempre quisó (se medio crió aquí) y en la que conserva a parte de su familia.

DEP.

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Había una vez…


La culpa no fue del chachachá, fue de la AEDE


Tal vez el próximo martes, como haces cada mañana, abrirás tu ordenador (o tu smartphone, o tu tablet) para ver, casi mientras desayunas y procurando (si es el caso) no untar la mantequilla en smartphone o tablet, las últimas noticias que los medios nos cuentan que han sucedido en el universo mundo.

-Ditasea, jodido router, conéctate de una puta vez -dirás mientras ves en blanco la pantalla del Google News.

Harás lo que dicen los informáticos que hay que hacer en estos casos: salir y volver a entrar.

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Pero Google News seguirá sin ofrecerte noticia alguna. Como dicen que pasa en China, en Arabia Saudí, en Corea del Norte (ya te veo pidiéndole la clave de la wifi a Kin Jong Un). O incluso en esa Venezuela en la que nos quieren convertir los demonios de Podemos.

No, deja tranquilo a tu router, confía en que en tu móvil te va a seguir funcionando el guasap. No, la culpa no fue del chachachá, la culpa fue de la AEDE, que lo sepas.

¿Que quién esa AEDE tan perversa que parece el mismísimo Fumanchú? Na, unos aprovechados que, viendo que no vendían un periódico de papel ni regalando abanicos, relojes de plástico, muñecas chochonas, libros libres de derechos, pulseras, gafas de sol, paraguas y demás (para gran alegría de los quiosqueros, que vieron como sus establecimientos se convertían en una suerte de todoacien) decidieron un buen día meterse en eso de internet, que ni entendían ni les importaba, pero que ya que la gente parece que está… Pero sin muchas ganas, qué quieres que te diga, porque había que estar y tal y cual.

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Y pusieron allí a los becarios a redactar noticias. Y esperaron a que los ingresos llegarán como el maná, porque ellos lo valían. Pero…

Pero no era suficiente, por mucho que un tal Google (un señor muy pero que muy malo) les enlazara sus noticias y les procurase un gran porcentaje de las visitas a sus periódicos hechos con píxeles en lugar de con tinta impresa, pero con su publicidad y todo, esa que te salta a la menor sin dejarte leer la noticia que tanto te interesa.

Y se dijeron: Oye, y ya que esta gente nos enlaza y ya que el Gobierno nos debe una por meternos con ellos lo justito, la puntita y nada más, ¿por qué no le pedimos a Mariano (colega como es) que regule algo para que nos tengan que pagar por traernos visitas a nuestras webs?

Dicho y hecho, chicoshhhh, no hay problema: Ley de Propiedad Intelectual en la que metemos un artículo en el que, de modo irrenunciable, los medios digitales cobrarán un canon que deberán pagar aquellos que enlacen sus noticias. Google, Menéame

Cojonudo, se dijeron en la AEDE.

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Por mis cojones, se dijeron en Google: si quieres visitas, te las curras.

Y así estamos, con Google cerrando en España (nuevo ridículo de la marca España, y van…), la AEDE reculando (pidiendo a Gobierno y UE la necesaria intercesión para que les vuelvan a linkear), Fátima Báñez dejándolo todo en manos de la virgen del Rocío y Wert diciendo que no pasa nada, que todavía se puede entrar en internet, que ya , si tal, se pone un día de estos a españolizar al Google ese, que parecen catalanes también, oye, ganas de tocar las pelotas tienen.

Y así estamos, repito. Y ahora, si quieres, vuelve a apagar el ordenador, el router o incluso la luz de la habitación en la que estás: da igual, las noticias no volverán.

O sí, si Gobierno y AEDE dan marcha atrás. Aunque, tal como lo veo yo, al final lo harán y, de paso, compensaremos entre todos a esos lumbreras de la prensa escrita vía Presupuestos Generales del Estado.

Todo sea por tenerlos calladitos y sin morder a la mano que les da de comer.

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David Goodis, ese no tan conocido autor al que hay que leer y ver


David GoodisNo sé, tal vez se trate de una impresión personal sin ningún tipo de base sólida, pero siempre he pensado que David Goodis es uno de esos autores injustamente poco conocidos incluso por el lector habitual de género negro -y no hablo sólo del que lee novedades sino también del que tiene gustos más clásicos.

Sin embargo, y sin ser uno de los más prolíficos novelistas, sí hay que destacar unas cuantas obras que, curiosamente, muchos de los lectores de este texto hayan visto en la gran pantalla sin reparar en que, al teclado, se encontraba Goodis, ya como escritor, ya como guionista.

¿Te suena Disparen sobre el pianista? ¿Dark Passage, o sea, La senda tenebrosa? ¿Calle sin retorno?

Sí, todas suyas. Y cuentos, un buen puñado de cuentos que escribía para las revistas pulp de la época, años 30 y 40. Como el excelente Un profesional que ahora aparece seleccionado en la antología elaborada por James Ellroy y Otto Penzler y que puedes disfrutar en una estupenda edición de Navona.

Yo que tú no esperaría demasiado a leerlo.

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Mi monísimo Kindle y yo pasamos mil aventuras…


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Dos cosas hay de las que he prescindido en los últimos meses: la primera, allá por mayo y por voluntad propia, mi presencia en Facebook, red social que abandoné definitivamente después de varias idas y venidas al comprobar que no me aportaba nada y que, cada vez, me parecía más ineficaz, absurda, hipócrita (ese doble rasero de censurarte ciertas imágenes mientras el señor Zuckerberg no se cansaba de recomendarme webs de contactos con las mejores solteras de mi ciudad) e innecesaria; la segunda, no tan voluntariamente mi Kindle, que hace unas semanas me abandonaba -los efectos secundarios de un pisotón de un niño de cuatro años, creo- para ir allí donde vayan los ereaders que pasan a mejor vida.

Facebook no lo echo de menos, en absoluto, hasta me siento más libre y mejor persona y ser humano; lo del Kindle, sin embargo, ya lo llevo peor.

A ver, que el hecho de haber tenido que enterrar al lector de Amazon no me ha supuesto quedarme sin lectura digital, para eso tengo otro, un Bq Avant que también creía fenecido y, sin embargo, un calibrado de pantalla y a funcionar como el primer día. Y buscando, buscando, se encuentran cosas interesantes con que alimentarlo, a un precio razonable y, algo innegociable por mi parte, sin DRM que lo parió. ¿Dónde? Pues, por ejemplo, en Lektu, en Amarante, en Sinerrata y algunas otras editoriales y/o webs de venta de libros digitales.

También, por no ir de íntegro -o hacer un Monago, como podría decirse ahora-, se puede recurrir a algunas webs en las que encontrar -sin previo pago que valga- libros ya descatalogados o inencontrables en versión digital oficial. Que no digo que esté bien, pero a veces es el único recurso que nos queda a los lectores enfermizos.

¿Cuál es el problema, entonces? Pues, evidentemente, el brutal catálogo que ofrece Amazon -sí, mucha furrufalla, mucho autoeditado que no genera más que ruido molesto, pero también TODO lo disponible en el mercado- y, sobre todo, las ofertas, las puñeteras ofertas que otros sitios no copian, esos días -uno sí y otro también- en los que libros más que recomendables de los primeros espadas de la literatura mundial están al 50 %, tal vez no las últimas novedades pero sí sus penúltimos o antepenúltimos títulos publicados.

Ese aviso al email, ese jodido aviso que, muy a menudo, llega a mi buzón y me pone los dientes largos. ¿Lo compro, no lo compro?, pienso por unos segundos.

Pero, ¿qué coño vas tú a comprar, si el Kindle se fue para el otro barrio hace un par de meses? Vale, los podría leer en el ordenador o en el smartphone utilizando la aplicación correspondiente pero ni es lo mismo ni es igual.

Snif, snif. Llega la navidad. ¿Qué hago ahora? ¿Me tapo los oídos para evitar el dichoso canto de sirena amazónico de cada mañana, de cada semana al menos? ¿Me rasco el bolsillo y complemento con un nuevo Kindle mi resistente Bq?

Hummm…

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Carta abierta a un editor: ¿que el saber no ocupa lugar, dice?


Estimado señor editor:

Todavía recuerdo aquellos duros años en que los blogueros especializados en temas literarios éramos vistos por las editoriales como unos aprovechados que lo único que pretendíamos era conseguir nuestra necesaria dosis de lectura by the face, por la cara, gratis total.

No le hablo del siglo pasado -a pesar de que todavía lo tenemos a la vuelta de la esquina-, qué va, me remonto a, como mucho, la primera mitad de la primera década de éste, pongamos años 2003 o 2004, por ejemplo.

Lo recuerdo perfectamente, insisto, porque por aquel tiempo -mayo de 2003- decidí abrir mi primer blog en serio, La Balacera, dedicado a informar puntualmente sobre la actualidad del género negro y que, con el paso de los meses, comenzó a incorporar “producción propia”, léase “reseñas de novedades editoriales”.

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Al principio, sin planificación alguna, aquellas eran reseñas de novelas que caían -previo pago- en las manos de este su seguro servidor. Con el tiempo, me dije: ¿y si yo me atreviera a pedir un ejemplar promocional a alguna de mis editoriales de referencia? Si las revistas impresas lo hacen… Perdón, si a las revistas impresas se los hacen llegar sin petición previa…

Superado el inicial pudor, allá que me lancé, obteniendo la callada por respuesta en la mayoría de los casos y un cierto interés indulgente en unos pocos. Pero bueno, era un primer paso, había que darlo y se dio.

No hizo falta mucho más, la verdad sea dicha: a alguien de algún departamento de prensa de alguna editorial se le ocurrió que los blogs podían ser un buen medio de promoción de sus lanzamientos, que por el coste de un ejemplar más gastos de envío podían conseguir una reseña -el peligro estaba en que ésta fuera negativa, pero quien no arriesga no gana- que leerían varios cientos o miles de aficionados al género en cuestión y que, además, sería vista como algo más independiente, más desinteresado que la típica publicidad pagada en las antes citadas revistas impresas o esos previsibles y elogiosos comentarios que una novela, digamos de Alfaguara, conseguía en un prestigioso suplemento semanal, digamos de El País.

¿Iba a poner mal Babelia una novela publicada por una empresa del mismo grupo editorial? Hummmm…

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Las cosas cambiaron de un modo radical en muy poco tiempo, de la gran sequía a la gran remojada, la tempestad que sigue a la calma. Como recuerdo también la primera vez que un editor -o responsable de prensa de una editorial- me llamó prescriptor y casi tuve que buscar la palabra en el diccionario: los blogueros habíamos dejado de ser unos jetas para convertirnos en una pieza indispensable en cualquier lanzamiento editorial, nuestra voz era requerida ¡requerida! y los ejemplares -no uno, los que necesites, corazón, como si quieres uno para ti y otros dos para sortear entre tus lectores- comenzaron a llovernos y llegarnos como agua de mayo pero todos los meses del año.

Y se agradece, de veras: por la lectura gratis -en parte tenían ustedes razón, ya me perdonarán el descaro- y por la confianza depositada en unos humildes blogueros.

Y ya me perdonarán también todas estas digresiones o elucubraciones mentales hasta llegar al motivo central de mi misiva. Porque, vamos a ver, desde la existencia de los medios electrónicos -y ya ha llovido lo suyo-, ¿los editores acarrean de un lado a otro montones de folios encuadernados con canutillo -los originales enviados por los aspirantes a escritores publicados- o piden, por favor, el correspondiente archivo digital para poder ir leyendo -y valorando las posibilidades de edición- de un modo más cómodo y eficaz?

ebooks

¿No sería razonable que a los blogueros -prescriptores, la palabra la pusieron ustedes, no yo- nos tratasen como a profesionales en todos los aspectos? Porque dicen que el saber no ocupa lugar, pero quien lo dijo no recibía varias novelas cada semana -que no me quejo, oigan, no me vayan a cortar ahora el suministro- y esa aseveración solo sería cierta si el saber viniera empaquetado en millones pero diminutos bits almacenables en un ereader, por ejemplo.

¿No sería posible que -ya que muchas novelas ya salen de serie con su versión electrónica- se nos ofreciera la posibilidad de recibirla en este formato? Y no hablo de pdf’s, por favor, hablo de formatos legibles, epub o mobi sin ir más lejos. ¿O es que temen que, de enviárnoslas en estos formatos -y sin anticopia, por favor, seamos serios- vamos a ponerlas de inmediato a disposición de cualquiera en la primera web de descargas gratuitas que se nos ponga a tiro?

Amamos los libros, recuérdenlo, nunca lo haríamos (otros lo harán, en cualquier caso, por muchas precauciones y DRM’s que adopten).

Papel o ebooks, vaya. Personalmente, me apuntaría de cabeza, la conservación y cuidado de mi apellido lo agradecería y las estanterías de mi casa, también.

Atentamente,

seguirengplus

Piénsalo bien antes de disparar


piensa y dispara

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La bolsa o la vida según Bonnie Parker


bonnie clyde

La bolsa o la vida. Y, de paso, me das tu corazón. Bonnie & Clyde

Véase también Poemas de Bonnie Parker para un día de san Valentín y Dos jóvenes enamorados.

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