Sam Pezzo, mi asignatura pendiente con Vittorio Giardino


Vittorio Giardino no puede decirse que fuera un desconocido para mí, pues ya hace unos años había disfrutado de las tres entregas –Infancia, Adolescencia y Juventud– de Jonas Fink, de las historietas cortas que narran los sueños más húmedos de Little Ego, de aquellas historias recogidas en dos volúmenes bajo el título Vacaciones fatales y, cómo no, de las tres maravillas protagonizadas por Max Fridman: Rapsodia húngara, La puerta de Oriente y No pasarán, ambientada ésta, claro, en la guerra civil española.

Me faltaba, incomprensible e imperdonablemente para un amante del mejor género negro, noir o giallo -qué más da, si no hablamos más que de colores-, enfrentarme a uno de sus personajes estrella, el detective Sam Pezzo, algo que subsané hace unos pocos meses a través de este integral que reúne todas sus historias.

Ya había visitado a través de las letras -en algunas ocasiones también en persona personalmente- ciudades italianas como la Padua de Massimo Carlotto, la Roma de Giancarlo de Cataldo, la Vigàta de Camilleri, el Milán de Scerbanenco, el Valle de Aosta de Manzini, la Florencia de Marco Vichi o la Nápoles de Maurizio de Giovanni. Conozco ahora hasta el último de sus rincones la Bolonia de Giardino, una ciudad sórdida, gris y siempre lluviosa, llena de maleantes de tres al cuarto, de burgueses en franca decadencia a través de la mirada de un detective siempre dispuesto a llevarse todas las hostias, otro de esos caballeros andantes que anteponen la justicia -su modo de hacer justicia- al beneficio económico aunque sea éste último el que les impulsa a meterse en líos la mayoría de las veces.

¿Alguna historia a destacar? Sin duda la más extensa de todas, Shit City, centrada en el mundo de las apuestas deportivas -hípicas, en concreto- y la comunidad asiática boloñesa.

Asignatura aprobada, por tanto, me pregunto ahora por otra ciudad transalpina que pueda visitar en el futuro, ya sea con o sin viñetas de por medio. ¿Alguna sugerencia?

Sinopsis editorial

Detective duro pero integro, Sam Pezzo recorre las calles de una Bolonia negra y cruel plagada de criminales de poca monta, tensiones raciales y violencia callejera. Sus investigaciones le llevarán a conocer la cara menos amable de la ciudad, mientras que a través de su mirada nos acercaremos a la atormentada realidad cotidiana de sus habitantes.

Nacido a finales de los setenta, Sam Pezzo es una de las creaciones más conocidas de Vittorio Giardino (No pasarán, Jonas Fink) y un homenaje a los grandes personajes de Dashiel Hammet y Raymond Chandler. Este volumen contiene todas las historias de este gran clásico de género negro del cómic europeo en una edición acompañada de ilustraciones y contenidos extra.

Sam Pezzo
Vittorio Giardino
Norma Editorial

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Cómic: “Joker: Quien ríe el último”, más de 800 páginas encerrados con el psicópata del pelo verde


¿Qué harías tú si te dijeran los médicos que te quedan unos pocos meses de vida? Difícil cuestión, ¿no? Pues imagínate lo que puede suceder si quien se encuentra en esa situación es un tipo tan imprevisible y desquiciado como el Joker, y encerrado en una cárcel para superdelincuentes por si fuera poco.

En agosto me llegaba el primer volumen como regalo de cumpleaños, algo más de 400 páginas que devoré con el mismo apetito que la correspondiente tarta. Tanto es así que, a la vuelta a la normalidad y coincidiendo con la aparición en septiembre del segundo -y último- de los volúmenes, me pasaba por mi librero comiquero de cabecera para hacerme con él, otro atracón de similar tamaño del que espero dar buena cuenta este próximo fin de semana, tal vez ya al calor de una chimenea -sí, winter is coming en según que latitudes y altitudes.

Vol. 1

El Joker acaba de recibir malas noticias del médico. Encerrado en la Losa, una cárcel especialmente diseñada para retener a delincuentes con superpoderes, instiga un motín que tan solo es la primera parte de un plan que pasa por preservar a toda costa su legado de terror.

Quien ríe el último fue un evento editorial publicado en 2001 en el que participaron héroes tan dispares como Superman, Nightwing, Orión, las Aves de Presa, Young Justice o, por supuesto, Batman. Este primer volumen está realizado por Chuck Dixon (Batman: Cataclismo), Marcos Martín (Batgirl: Año Uno), Pete Woods (Liga de la Justicia), Walter Simonson (Superman: El hombre de arena) y Ed Brubaker (Gotham Central), entre otros autores.

Vol. 2

Enloquecidos por la toxina del Joker, los peores villanos del Universo DC se lanzan a la calle a pelearse contra quien se cruce en su camino. Pero cuando tropiezan con Superman, Supergirl, el Espectro, la Liga del Justicia, la JSA o los Titanes, las consecuencias pueden ser catastróficas. Entretanto, el Joker ha secuestrado a Robin con objeto de gastarle a Batman una broma pesada.

Este volumen agrupa diversos episodios pertenecientes a las series Joker Last Laugh, Action Comics, Flash, Green Lantern, Harley Quinn, JLA, JSA, Robin, Superboy, Supergirl, Superman, The Spectre y The Titans, publicados en 2001. Con ellos, cae el telón sobre una historia memorable que situó en primer plano al arlequín del crimen.

Novela: “Matamoscas”, de Dashiell Hammett y Hans Hillman


«A Babe le gustaba Sue. A Vassos le gustaba Sue. A Sue le gustaba Babe. Y eso no agradaba a Vassos. Los celos minaron el juicio del griego…»

Sue Hambleton, una muchacha rebelde de familia acomodada, se había fugado. Harta de la ostentación de la Quinta Avenida de Nueva York, redirigió su vida hacia los callejones oscuros de una San Francisco vista desde abajo, repleta de gánsters, prostitutas e impostores. Tras su repentina desaparición, y contratado por el padre de la muchacha, el agente de la Continental —detective privado duro e implacable, arquetipo del subgénero hard boiled, creado por el propio Hammett— deberá resolver el caso.

Durante siete años, Hans Hillman, considerado el Saul Bass del cartelismo cinematográfico europeo, elaboró para Matamoscas más de doscientas cincuenta acuarelas en una extensa gama de grises. Con sus sorprendentes planos de cámara —zoom, corte, plano general, corte, primer plano—, colocó literalmente a Hollywood a la sombra del deslumbrante sol de una áspera California, abarrotada de criminales de poca monta: «Escogí Fly Paper —confesó Hillmann— a finales de 1975 de entre una lista de títulos en los que me interesaba trabajar, porque quería desarrollar un proyecto de libro que secuenciara la historia a la manera del cine. Lo que más me gusta de Matamoscas es que todo luce un poco desgastado, miserable, casi como la vida real de aquella época. No hay gente demasiado pobre o rica, no hay detectives “superhombres”, ni nada excepcional del lado de los criminales.»

Una magistral adaptación del relato de Hammett que supone, al mismo tiempo, una obra precursora de la novela gráfica —a la par que Contrato con Dios de Will Eisner— y un colosal homenaje a la ficción detectivesca.

Matamoscas
Dashiell Hammett y Hans Hilmann
Libros del Zorro Rojo

Cómic: “Dr. Uriel”, de Sento


El verano de 1936, Pablo Uriel, un joven de veintidós años recién licenciado en Medicina, empezaba ilusionado su andadura profesional y se enfrentaba a su primer destino como médico. En ese momento no podía ni imaginar que, de repente, su vida y la de todo el país se iba a convertir en una terrible pesadilla.

Los testimonios minúsculos, como el suyo, no suelen figurar en los grandes libros de Historia y acaban desapareciendo… Pero Sento se ha encargado de que, ochenta años después, la pequeña gran historia del doctor Uriel sea difícil de olvidar. Publicado originalmente en tres tomos –Un médico novato, Atrapado en Belchite y Vencedor y Vencido–, Doctor Uriel recopila la historia completa en este integral cuyo primer tomo ganó el Premio Internacional Fnac-Sins Entido de Novela Gráfica en 2013.

Aún en plena dictadura el doctor Uriel consiguió escribir sus memorias que vieron la luz en una pequeña edición familiar publicada en 1988, dos años antes de su muerte.
Sento Llobell, autor de la trilogía y yerno de Uriel confiesa que “cuando leí las memorias me quedé impresionado. Siempre pensé que tenía que hacerlo”.

Dr. Uriel
Sento
Astiberri

Whakoom, una ayuda genial para los amantes del cómic


Siempre me he cuestionado la utilidad de las publicaciones promocionadas (o sea, aquellas por las que pagan los anunciantes para estar muy a la vista de los usuarios) en las redes sociales. De hecho, supongo que como tú, habitualmente paso por encima sin prestarles la menor atención.

Sin embargo, hete aquí que un buen día, leyendo mi timeline de Twitter, me encuentro por tercera vez en una semana con un tuit publicado por Whakoom. Como quiera que se refiere a cómics y promete una app que me puede venir bien dado el volumen creciente de tebeos que almaceno en casa, decido hacer clic en el enlace y que sea lo que dios quiera.

Lo que me encuentro supera con creces mis expectativas: una aplicación disponible para Android e IOS y con versión de escritorio para el ordenador en la que catalogar toda mi colección. Claro, si tengo que ir añadiendo cómic a cómic los 518 títulos que a día de hoy la componen sería un auténtico peñazo, pero es que Whakoom es en realidad una inmensa base de datos en la que están incluidos TODOS (o casi todos) los tebeos editados y por editar. Así, para añadirlos a tu tebeoteca particular no tienes más que buscar el que quieres por el título e indicar que lo tienes. Listo: tendrás en tu móvil, ordenador o tablet la portada y un montón de datos (editorial, fecha, autores, sinopsis…) sobre el tebeo en cuestión.

¿Otro modo alucinante de hacerlo? Escanear el código de barras de tu ejemplar. ¿Sencillo, no?

Así, con suma facilidad, tendrás catalogada toda tu colección. Pero no se vayan todavía, aún hay más: si alguno (o muchos) de los tebeos que añades pertenecen a alguna colección (“Los muertos vivientes”, por poner un ejemplo), la aplicación te indicará si la tienes completa, cuáles te faltan o si estás al día en el caso de que no se haya cerrado, avisándote cuando esté disponible un nuevo número.

Buscándole pegas, pensé que este invento me iba a servir con los tebeos más o menos recientes pero no con aquellos, por ejemplo, que conservo como oro en paño, los Marvel de Vértice de los años setenta sin ir más lejos. Craso error, también están si bien, obviamente, no puedes escanear el código de barras porque en aquella época no existía.

¿Más utilidades? Buscar tebeos que quieres ir adquiriendo poco a poco para tener siempre a mano tu lista de los deseos. O cotillear en las colecciones o listas que otros usuarios de la aplicación han decidido compartir públicamente. O leer opiniones de esos usuarios respecto a un tebeo que te interesa. O estar al tanto de las novedades que van publicando tus editoriales favoritas. O acceder a reseñas de blogs especializados.

A mí me ha servido de mucho, demostrándome, de paso, que a veces pasar por alto los tuits promocionados es un error. Si lo pruebas, ya me dirás si te ha sido de utilidad.

 

¿Que todavía no has leído “From Hell”? Hombre, por dios…


Pues esto mismo es lo que a mí me habían dicho ya en más de una ocasión, y creo que fue en la última edición de Bruma Negra en Plentzia (allá a finales de junio del presente año) cuando el tebeo de Moore y Campbell salió a relucir en una de las mesas, la que se dedicó a los crímenes de época.

Debidamente avergonzado, decidí poner fin a tamaño dislate y From Hell fue uno de los primeros títulos que pasaron a engrosar la lista de imprescindibles que confeccioné en pleno verano con la intención de ir adquiriéndolos poco a poco (o mucho a mucho, que cuando me pongo no tengo freno) a la vuelta de vacaciones. Finalmente, no esperé, y el tocho de casi 600 páginas cayó en mi poder a finales de julio, listo para ser degustado a lo largo del mes de agosto.

Lo que me encontré superó con creces mis expectativas, porque esperaba el simple relato de una investigación policial, una versión más de algo sumamente conocido y lo que encuentro es mucho más, empezando porque la versión de los hechos no es precisamente original sino una de las clásicas (con el médico de la familia real cambiando su papel de matasanos por el de mataputas) ni falta que le hace: esa versión archiconocida es más que suficiente para soportar lo que el complejo guion de Alan Moore quiere plasmar.

Lo que me encuentro es el retrato de cómo debió ser la cara más sucia de la sociedad victoriana, con esos sórdidos barrios obreros a los que tanto bien hace el dibujo un tanto apresurado, deslavazado, sumamente ennegrecido de Eddie Campbell.

Lo que me encuentro es con la corrupción policial, con un cuerpo supeditado totalmente al poder ejecutivo y a la real influencia del que emerge una cabeza íntegra como la del investigador encargado del caso, Frederick Abberline. Un Abberline, todo hay que decirlo, no tan íntegro como pueda parecer pero sí dado al arrepentimiento final al asumir su parte de culpa en el proceso investigador.

Lo que me encuentro es a un William Gull desatado, fiel cumplidor del encargo recibido, enloquecido por la sangre que hace derramar, trastornado con sus juegos y teorías masónicas y respetado más que temido por un Netley (el cooperador necesario en sus desmanes) que finalmente acaba temiéndole como al mismo demonio más que respetándole como el caballero que parecía ser.

Lo que me encuentro es a un montón de personajes históricos que, con sus cameos, contribuyen a situar la narración en la época en que se desarrolla así como a explicar algunos de los comportamientos de los protagonistas del cómic.

Lo que me encuentro, cuando ya pensaba que desgraciadamente había terminado la lectura, es con un voluminoso apartado de apéndices necesarios que explican lo que acabo de disfrutar, que cuentan el proceso creativo del protagonista y que te obligan -bendita obligación- a releer el tebeo desde el principio, prestando atención a los detalles que se habían escapado en una primera lectura, tanto en el apartado del texto como en el del dibujo.

Lo que me encuentro en un tebeo complejo, que requiere cierto esfuerzo, siendo esto tal vez lo que haga que se disfrute todavía más.

Y ahora, si eres de los que, como yo, habían oído hablar del tebeo pero todavía no lo habían degustado, ya sabes lo que debes hacer sin dejar pasar mucho tiempo.

10 tebeos (o muchísimos más) que debería leer antes de palmar


Decíamos ayer que hubo un tiempo bastante lejano (cuando todavía existía la EGB y yo era uno de sus alumnos) en el que los tipos con mallas se convirtieron en parte de mi familia, ocupando un lugar privilegiado elementos como el estudiante Peter Parker, el doctor Bruce Banner (conocido entonces como La Masa), el abogado ciego Matt Murdock (por aquel tiempo Dan Defensor, supongo que no encontraron nada que pudiera encajar mejor con la doble D entrelazada que lucía en el pecho cuando se quitaba la toga) o los chicos mutantes del profesor Xavier (entonces conocidos como la Patrulla X). Todo Marvel, como puede verse, superada casi la etapa en la que Bruguera era quien me proveía de buenos ratos a través de las historias ideadas por Ibáñez, Raf, Vázquez y compañía. Bueno, también Asterix y Tintín tenían un generoso hueco en mis estanterías, pero poco más.

Consideradas después (erróneamente) las viñetas como algo demasiado infantil, durante muchos años, muchísimos, las tuve abandonadas hasta que, curiosamente a través de la novela negra (mi siguiente y actual pasión), descubrí a gentes que, aun siendo más jovencitos que yo, ya no podía considerárseles unos niños y seguían disfrutando de los tebeos. Y si ellos lo hacían (siendo además incluso profesores de instituto o respetables trabajadores de la banca), ¿por qué no volver yo a las andadas?

Dicho y hecho: ya talludito me sumergí en una operación nostalgia sin precedentes conocidos y volví a los superhéroes clásicos (ahora en su versión Ultimate) y con nombres como Spiderman (afortunadamente hay cosas que nunca cambian), Hulk, Daredevil o X-Men; incoporé algunas cosas de la competencia (El regreso del caballero oscuro y algunos otros Batman); conocí a la encantadora Elektra de Miller y Sienkiewicz); y descubrí al increíble Alan Moore a través de Watchmen o leí por  fin las historias de Spirit y otros de Eisner o el Rip Kirby, Torpedo…

En estos últimos años han ido cayendo muchos más (no siempre superheroicos, por supuesto: mención especial aquí al Strangehaven de Gary Spencer Millidge recomendado por Fran J. Ortiz de Abandonad toda esperanza), demasiados de ellos en grapas de edición quincenal o mensual, como la conocida saga galáctica que comenzó centrándose en los clásicos y más protagónicos Luke Skywalker, Leia Organa, Han Solo o Darth Vader para derivar en los (¿innecesarios?) spin off con Poe Dameron, Lando Calrisian, Obi-Wan vs Anakin… hasta convertirse en una serie interminable a la que terminas perdiendo el hilo y exclamando ¡basta ya!

Pero basta ya de series, que no de cómics, a los que pienso seguir fiel pero de un modo más coherente, renunciando a estas series que nunca acaban (excepción hecha de dos de la factoría Kirkman que no pienso abandonar: Los muertos vivientes y Ladrón de ladrones) y centrándome en volúmenes con historias completas, integrales, que pueda leer del tirón. Y un modo de hacerlo es confeccionar una lista con algunos de esos títulos que ya debería tener y que, por las razones expuestas más arriba, no llegué a comprar en su momento. Sí, ya tengo cosas como el From Hell de Moore y Campbell (brutal, por qué nadie me obligó a leerlo antes), el V de Vendetta de Moore y Lloyd, el Maus de Spiegelman o el Daredevil: Born Again de Miller y Mazzucchelli.

Así, a partir de consejos de amigos o buscando por internet, en mi lista de tebeos que todo el mundo debería leer ya están Hellboy, La liga de los hombres extraordinarios, Calvin y Hobbes, El eternauta, La vida es buena si no te rindes, Agujero negro, Torso, Criminal, Persépolis

Faltan muchos, lo sé, pero he dicho diez en el titular de este post por decir algo, ya que pretendo que mi lista esté indefinidamente abierta para que esos diez se conviertan en 100, 1000 o 10000: no tengo prisa alguna en marchar al otro barrio y quiero disfrutar de muchas viñetas antes de que ese día llegue.

Y tú que lo veas.

¿Pero qué he hecho yo para padecer el bloqueo del lector?


Sí, del lector, no de ese otro del que tanto se quejan los escritores (que también padezco pero, en este caso, no por falta de ideas sino por escasez de tiempo para desarrollarlas ante el teclado del ordenador) sino del que afecta a muchos lectores habituales que, en algún momento de su vida, sienten que ya nada es como antes.

Bueno, tal vez me esté poniendo demasiado dramático, pero para alguien que se recuerda siempre a sí mismo con la nariz metida entre las páginas de un libro (aunque últimamente me sienta más cómodo ante los píxeles del iPad que se ha convertido en mi soporte de lectura preferido) resulta muy duro comprobar cómo la pila de lecturas pendientes va creciendo al tiempo que disminuyen las ganas de leer cualquiera de los elementos que la componen.

Por qué a mí, si llevo leyendo casi diariamente desde los ocho años, si en la infancia devoré todo lo comestible que había por las estanterías de mi casa y que resultaba adecuado para mi edad (algunos libros releídos en un reto que me impuse al cumplir los cincuenta); por qué a mí, si tras un tiempo de leer compulsivamente tebeos de tipos enfundados en mallas de colorines decidí que aquello no era serio y que había que dedicarse a la “literatura” de verdad; por qué a mí, si desde los treinta el 95 % de mis lecturas contienen algún muerto entre sus páginas…

Ojocuidao llegados a este punto… ¿Y no será demasiado muerto?, me pregunto. ¿Y no serán demasiados libros en la pila de pendientes los que me provocan una cierta sensación de agobio, de considerarme incapaz de rebajarla salvo que…?

Salvo que decida acabar con ella de un manotazo o, siendo menos radical, escondiéndola en un armario; salvo que la quite de mi vista durante un tiempo; salvo que vuelva a las viñetas durante una temporada, hasta que los libros (las novelas) vuelvan a mí.

Estamos trabajando en ello, con lecturas placenteras como la Cámara obscura de Cyril Bonin, desasosegantes como el Maus de Art Spiegelman, inquietantes y sanguinarios como el From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell (sí, hasta este verano no lo había leído, qué pasa) y las que están por llegar y al menos ya en mi lista de deseos (mi librero comiquero se va a poner contento).

Cualquier “sacrificio” es poco si con ello consigo quitarme de encima este maldito bloqueo del lector que comienza a preocuparme por encima de mis posibilidades de preocupación

De Maurice Leblanc a Alcide Leblanc a través de las viñetas de Cyril Bonin


Tal día como hoy, 6 de noviembre, fallecía en 1941 y en la localidad francesa de Perpiñán, el escritor Maurice Leblanc, nacido en el seno de una acaudalada familia y quien, tras acabar los estudios de Derecho y trabajar algún tiempo sin demasiado interés en varias empresas de Ruán (su padre era armador de barcos en esa ciudad) decidió trasladarse a París e iniciar su carrera literaria.

Publica varios libros hasta que en 1904 recibe el encargo de escribir un cuento para la revista Je sais Tout: el cuento se titula El arresto de Arséne Lupin y supone el nacimiento -no previsto- de la larga carrera delictiva de este ladrón de guante blanco que se desarrollará a lo largo de casi 20 libros editados entre 1907 y 1935.

Y ha querido la casualidad que hace tan solo una semana terminará la lectura de mi último cómic, esta Cámara obscura de Cyril Bonin editado por Ponent Mon en el que además de la familia Dambroise (papel especial para la hija Séraphine y su tía Alma, mujer adelantada a su época, un espíritu inquieto que sirve de modelo para su sobrina, permanentemente enfrascada en sus lecturas) debemos reconocer el protagonismo del policía responsable de llevar a cabo una investigación con un aroma profundamente clásico (el robo de tres cuadros en la mansión familiar), un tipo altivo, hierático, que responde al nombre de Alcide Leblanc (el tipo del bombín en la viñeta central de esta página).

Historia muy correcta, costumbrista, con una familia adinerada pero no tanto (tiene mayordomo pero no ama de llaves o cocinera, como reconocerá con cierto pesar Simon, el padre de Séraphine y hermano de Alma) que rinde un claro homenaje al padre de Lupin como reconoce el propio autor en los agradecimientos y que me ha proporcionado un buen rato de lectura tras un periodo de cierto bloqueo lector del que tal vez hable en otro momento.

Bien por Leblanc, bien por Bonin.

“Filmish”, o de cómo aprenderlo todo sobre el cine a través de las viñetas


Regalos que llegan tarde (unos veinte días después del cumple) pero que constituyen todo un acierto para un aficionado al cine y los tebeos: Filmish. Un viaje gráfico por el cine, de Edward Ross, editado (fantásticamente) por Reservoir Books.

Sinopsis editorial

Filmish es un ensayo alucinante que se sirve del lenguaje del cómic para explicar con claridad cómo funciona el séptimo arte, señalar a cuántos niveles opera y articular por qué el cine es el medio creativo por excelencia de la modernidad.

Este libro es un viaje apasionante por la historia del cine en siete capítulos temáticos. Un original ensayo gráfico que sirve para iluminar las ideas que se esconden detrás de nuestras películas favoritas.

El alter ego dibujado del autor, Edward Ross, nos presenta en cada capítulo un tema particular -como el cuerpo, la arquitectura, el lenguaje- y examina para ello una muestra ecléctica de hitos cinematográficos, de Ciudadano Kane a La jungla de cristal, del Viaje a la luna a Inception, y más allá. Ningún aspecto escapa a su lúcido análisis: la censura, el diseño de decorados, la raza y la hegemonía, la propaganda, la sexualidad, etc.

«Una delicia de principio a fin… Un genial soplo de aire fresco en la literatura cinéfila.» James Smart, The Guardian

«Un sorprendente y ameno volumen que aborda los entresijos del séptimo arte en siete (quizá no sea una coincidencia) capítulos.» Álvaro Soto, Diario de León

«Filmish es un ensayo en viñetas que cuenta con una documentación exhaustiva (más de 340 películas referenciadas a lo largo de 195 páginas). La obra, dibujada en un elegante y efectivo blanco y negro, logra trasladar con éxito mucha información válida al lector.» Daniel García Nieto, El Periódico de Aragón