¿Pero qué he hecho yo para padecer el bloqueo del lector?


Sí, del lector, no de ese otro del que tanto se quejan los escritores (que también padezco pero, en este caso, no por falta de ideas sino por escasez de tiempo para desarrollarlas ante el teclado del ordenador) sino del que afecta a muchos lectores habituales que, en algún momento de su vida, sienten que ya nada es como antes.

Bueno, tal vez me esté poniendo demasiado dramático, pero para alguien que se recuerda siempre a sí mismo con la nariz metida entre las páginas de un libro (aunque últimamente me sienta más cómodo ante los píxeles del iPad que se ha convertido en mi soporte de lectura preferido) resulta muy duro comprobar cómo la pila de lecturas pendientes va creciendo al tiempo que disminuyen las ganas de leer cualquiera de los elementos que la componen.

Por qué a mí, si llevo leyendo casi diariamente desde los ocho años, si en la infancia devoré todo lo comestible que había por las estanterías de mi casa y que resultaba adecuado para mi edad (algunos libros releídos en un reto que me impuse al cumplir los cincuenta); por qué a mí, si tras un tiempo de leer compulsivamente tebeos de tipos enfundados en mallas de colorines decidí que aquello no era serio y que había que dedicarse a la “literatura” de verdad; por qué a mí, si desde los treinta el 95 % de mis lecturas contienen algún muerto entre sus páginas…

Ojocuidao llegados a este punto… ¿Y no será demasiado muerto?, me pregunto. ¿Y no serán demasiados libros en la pila de pendientes los que me provocan una cierta sensación de agobio, de considerarme incapaz de rebajarla salvo que…?

Salvo que decida acabar con ella de un manotazo o, siendo menos radical, escondiéndola en un armario; salvo que la quite de mi vista durante un tiempo; salvo que vuelva a las viñetas durante una temporada, hasta que los libros (las novelas) vuelvan a mí.

Estamos trabajando en ello, con lecturas placenteras como la Cámara obscura de Cyril Bonin, desasosegantes como el Maus de Art Spiegelman, inquietantes y sanguinarios como el From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell (sí, hasta este verano no lo había leído, qué pasa) y las que están por llegar y al menos ya en mi lista de deseos (mi librero comiquero se va a poner contento).

Cualquier “sacrificio” es poco si con ello consigo quitarme de encima este maldito bloqueo del lector que comienza a preocuparme por encima de mis posibilidades de preocupación

Anuncios

12 años, 12 libros: “Los tres mosqueteros”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

Los_Tres_Mosqueteros_Alejandro_DumasLos tres mosqueteros, Alejandro Dumas

A ver, ¿cuántas veces has visto alguna de las muchas películas con los mosqueteros del rey (Luis XIII de Francia) como protagonistas? Tienes donde buscar en tu memoria: la muda de 1921 o las habladas de 1939, 1942, 1946, 1948, 1969, 1973, 1974, 1993 o 2011.

Esa decena, al menos, con el título Los tres mosqueteros. Inspiradas en los personajes, unas cuantas más. Tela.

Y si tienes una cierta edad, digamos más de 40, me imagino que te sonará de algo aquello de:

 

Eran uno dos y tres los famosos mosqueperros
y el pequeño D’Artacán siempre va con ellos.
Amis, Ponthos, Dogos son los tres mosqueperros;
sus hazañas, más de mil, nunca tienen fin.

 

Bien, ya has soltado la lágrima nostálgica, así que ahora te pregunto: ¿cuántas veces te habrás leído las 600 o 700 páginas que puede tener el libro en el que se basan las pelis o los dibujos animados? ¿una o ninguna?

Mal hecho, como mínimo la novela de Dumas exige dos lecturas, una de crío -una mano en el libro y la otra presta a desenfundar la espada a la menor ocasión que se presente- y otra de adulto, más reposada, más atenta a los matices, a las intrigas palaciegas, a ese todos para uno, uno para todos y todo por unos herretes en los que se encuentra el meollo de la historia. En ambas ocasiones, te lo puedo asegurar, disfrutarás lo mismo aunque, seguramente, de diferente manera.

Athos, el noble, reservado y amante del buen vino, con un pasado marcado a fuego por una flor de lis.

Porthos, el presumido, vanidoso y pendenciero espadachín, siempre dispuesto a mantener un buen duelo.

Aramis, el refinado y elegante mosquetero sin vocación, pues la suya está puesta en servir a Dios desde el clero.

D’Artagnan, el impulsivo adolescente -solo tiene 18 años, insultante juventud de la que soy consciente en esta nueva lectura-, el Quijote gascón idealista, capaz de comprometerse a mantener tres duelos -con sus tres futuros amigo- en poco más de media hora. Que no duda en enamorarse a las primeras de cambio de Constance, mujer casada. Con un sinvergüenza, pero casada al fin y al cabo.

Disfruto con las andanzas de los cuatro héroes, como disfruto con detalles a los que no había prestado atención anteriormente, especialmente con ese prefacio en el que el autor afirma haberse basado en unas memorias halladas en la Biblioteca Real: Mémoires de Monsieur d’Artagnan, capitaine lieutenant de la première compagnie des Mousquetaires du Roi Batushei (Memorias del señor D’Artagnan, teniente capitán de la primera compañía de los Mosqueteros del Rey) por Gatien de Courtilz de Sandras.

Disfruto, cómo no, con Milady de Winter. Y con Tréville, Rochefort, Richelieu o el duque de Buckingham.

Disfruto, una vez más en 2014, como un crío de 50 tacos.

Porque con la novela de Dumas pongo fin al reto que me impuse para este año en el que cumplo medio siglo: releer 12 de los libros leídos antes de los 12 años que consiguieron engancharme a la literatura de por vida. Te dejo a continuación los otros 11 por orden de publicación en el blog. Tal vez sean también tus 12 libros, tal vez tengas otros 12 -hubo unos cuantos que quedaron fuera de la lista pero que igualmente contribuyeron en su día a mi afición por las letras-, tal vez coincidamos en unos y en otros no.

firma twitter logo

Si te ha gustado esta entrada puedes compartirla en tus redes sociales. Gracias

12 años, 12 libros: “El bandido adolescente”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

el-bandido-adolescenteEl bandido adolescente, Ramón J. Sender

Si no me equivoco, corría el año 1979, lo que equivale a decir que tenía yo ya (o estaba a punto de cumplir) los 15, excediendo por tanto en tres el límite de edad para este reto de releer 12 libros que me marcaron a fuego antes de los 12 años.

Año 1979, repito, instituto Goya de Zaragoza. Profesora de Literatura: Carmen Sender Garcés. Hermana, sí, de don Ramón J. Sender.

Primera lectura del año: “Libertad absoluta, podéis elegir el libro que más rabia os dé, siempre y cuando no sea de mi hermano: no soporto que me hagan la pelota”.

Grande, doña Carmen. Y tentado estuve de desobedecer su consejo y leer El bandido adolescente si no fuera porque ya lo había hecho unos años antes, tantos como para que, efectivamente, pueda estar incluido en este reto autoimpuesto para celebrar mis 50.

Billy el Niño, el bandido adolescente, el pistolero con cara de niña con cuya calavera auténtica -contaba don Ramón- se había encontrado hasta en 6 ocasiones en 6 lugares diferentes durante su exilio en los Estados Unidos.

De origen irlandés, entre los 14 y los 21 años Billy tal vez no hubiera leído un solo libro, pero se cuenta que ya se había cargado a no menos de 21 hombres, tal vez muchos más. Y porque a los 22 añitos, en 1881, el sheriff Pat Garret se cruzó en su camino, que si no…

Mira que se ha escrito -y filmado- sobre Billy the Kid y, sin embargo, quizás El bandido adolescente sea su mejor biografía, la más periodística, llena de detalles sobre la época, plagada de acción, de indios legendarios, de robos de ganado, de tiroteos, de aventuras en esa zona de Nuevo México que por aquel entonces era casi tierra de nadie, fuera de la jurisdicción mexicana y todavía sin controlar por los gringos.

Pero Sender aporta algo más que hace que El bandido adolescente no sea una novela del oeste sino una auténtica joya literaria: las razones por las que un chaval de 14 años se convierte en bandolero implacable pero con un gran sentido del honor y la ambientación, la fidelidad histórica y la descripción de la magnífica relación que Billy mantuvo con los hispanos de la zona, mucho más íntima, cordial y sincera que con sus compatriotas del norte.

Aventuras de vaqueros y rigor histórico. ¿Se puede pedir más? Yo no, desde luego.

Con El bandido adolescente van ya 11 muescas en la culata de mi revólver y 11 aciertos. Me queda una bala que reservo para tres (cuatro) gabachos del siglo XVII. ¿Adivinas sus nombres?

Puedes seguirme en:

firmatwitterbosquefirmagoogleplus

Si te ha gustado esta entrada puedes compartirla en tus redes sociales. Gracias

12 años, 12 libros: “Robinson Crusoe”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

crusoeRobinson Crusoe, Daniel Defoe

“La vida e increíbles aventuras de Robinson Crusoe, de York, marinero, quien vivió veintiocho años completamente solo en una isla deshabitada en las costas de América, cerca de la desembocadura del gran río Orinoco; habiendo sido arrastrado a la orilla tras un naufragio, en el cual todos los hombres murieron menos él. Con una explicación de cómo al final fue insólitamente liberado por piratas. Escrito por él mismo” es el título completo de la que para los amigos es, simplemente, Robinson Crusoe, la considerada como primera novela inglesa y publicada en 1719 por Daniel Defoe.

Robinson Crusoe, el inútil que nada sabe hacer a bordo de un barco y que decide recorrer mundo haciendo caso omiso de los consejos de su padre que le animan a llevar una vida cómoda y sin sobresaltos.

Robinson Crusoe, el pupas capaz de atraer las desgracias por lejos que parezcan estar.

Robinson Crusoe, el culo inquieto incapaz de conformarse con una vida acomodada en Brasil tras años de sufrimiento en las costas de África y decide embarcarse de nuevo a la aventura.

Robinson Crusoe, el MacGyver del siglo XVIII, el autodidacta que todo lo aprende a golpe de ensayo y error, invirtiendo en cada hallazgo lo único que le sobra: el tiempo.

Robinson Crusoe, el convertido conversor, el que dicen representa el perfecto colonialista británico, según los estudios posteriores del novelista James Joyce: religioso, eficaz, inmune a las tentaciones sexuales…

Robinson Crusoe, otra de esas novelas de aventuras por antonomasia que hemos visto ya unas cuantas veces en el cine, con versiones de Georges Meliès, Luis Buñuel o Rod Hardy o en películas como Náufrago claramente inspiradas en ella.

Robinson Crusoe, el pensador: “En este sentido, y desde entonces, he observado lo incongruentes e irracionales que son los seres humanos, especialmente los jóvenes, frente a la razón que debe guiarlos en estos casos; es decir, que no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado; que no se avergüenzan de hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos, sino de retractarse, por lo que serían tomados por sabios.”

Robinson Crusoe, disfrutada en la infancia y también a los cincuenta. Es lo que tienen los clásicos, que ya han envejecido -y muy bien- cuando han caído en nuestras manos y, a partir de ahí, se conservan estupendamente cualesquiera que sean las condiciones de su embotellado.

Puedes seguirme en:

firmatwitterbosquefirmagoogleplus

Si te ha gustado esta entrada puedes compartirla en tus redes sociales. Gracias

12 años, 12 libros: “La Isla del Tesoro”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

isla tesoroLa Isla del Tesoro, Robert Louis Stevenson

Hacía tiempo que tenía abandonado el reto planteado a principios de año de releer 12 de los libros que determinaron en la infancia mi afición a la literatura. Sí había seguido leyendo, pero no reseñando. Voy ahora, pues, con uno de los más gratos reeencuentros hasta la fecha: La isla del Tesoro, de Robert Louis Stevenson.

Un clásico imperecedero. La aventura juvenil por excelencia. La AVENTURA, sin más.

El libro que deberíamos leer una vez al año para no envejecer o, al menos, para hacerlo con una dosis extra de ilusión y adrenalina, la que segrega nuestro organismo cuando tememos, nada más comenzar la lectura, que alojar en la posada del Almirante Benbow a un tipo con el aspecto del de Billy Bones no puede traer buenas consecuencias; cuando nos asustamos porque nosotros mismos podríamos ser los siguientes en recibir la temida Marca Negra; cuando nos impacientamos al ver que la Hispaniola está a punto de zarpar y nos alarmamos al sospechar de la catadura moral de muchos de los tripulantes reclutados por el aristócrata John Trelawney; cuando imaginamos al joven Jim Hawkins oculto en un barril de manzanas mientras un la mano de un pirata busca algo que llevarse a la boca; cuando no sabemos qué pensar de los cambios de actitud de Long John Silver, pirata de pata de palo como mandan los cánones; cuando tememos que, de un momento a otro, unas palabras salidas del pico del Capitán Flint puedan tener consecuencias irreparables; cuando Ben Gunn, tras años abandonado a su suerte en la isla del Tesoro, acude al rescate de Jim y compañía.

mapa_tesoro_cabecera

Una delicia de lectura, una historia vista una y otra vez en el cine pero que, no nos engañemos, donde se manifiesta en todo su esplendor, donde hace que la imaginación del joven o no tanto que se enfrenta a ella se desborde, es sobre el papel.

Una joya que, ya que de niño no resultaba procedente, de adultos deberíamos paladear con un vaso de ron en la mano y provistos de una pipa cargada con buen tabaco. Y, ya puestos, cuando los efluvios del alcohol surtan su efecto, entonar, con voz ronca y en compañía de piratas, corsarios, bucaneros y demás gente de mal vivir, esa canción que, aprendida de críos, jamás hemos podido ya olvidar. ¿Me acompañas?

“Quince hombres en el cofre del muerto / ¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! ¡Y una botella de ron!

El ron y Satanás se llevaron al resto / ¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! ¡Y una botella de ron!”

Puedes seguirme en:

firmatwitterbosquefirmagoogleplus

Si te ha gustado esta entrada puedes compartirla en tus redes sociales. Gracias

12 años, 12 libros: “Juan Salvador Gaviota”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

juan-salvador-gaviota-grandeJuan Salvador Gaviota, Richard Bach

Desde luego, uno de los libros que más dudas me generó a la hora de incluirlo entre las lecturas infantiles-juveniles programadas para este 2014 como parte del reto 12 años, 12 libros.

¿Por qué? Muy fácil, porque viéndolo en la distancia me digo que esta fábula pudo escribirla perfectamente Paulo Coelho y, la verdad, no es que sea yo muy fan del máximo exponente mundial de los libros de autoayuda.

Una fábula con una historia simple pero muy bien contada en la que Bach, a través de una Bandada de gaviotas a la que pertenece Juan Salvador -la díscola, la contestataria, la que se cuestiona los principios establecidos, la exiliada- nos habla de la superación de barreras, de esos límites perfectamente franqueables por ser nosotros mismos quienes nos los imponemos, de la necesidad -sin obligar a nadie, cada cual es muy libre de decidir si merece la pena o no tomar otro camino alternativo a la senda trazada durante siglos- de compartir esos conocimientos adquiridos con la práctica…

Decido finalmente incluir el relato entre las doce lecturas elegidas por esas razones y por alguna más: porque recuerdo que disfruté de niño con él, porque la edición que conservo -la que muestro en la imagen de esta entrada- es fantástica, porque cada vez que veo la portada del libro me vienen a la cabeza las notas de la magnífica banda sonora que ese cronner llamado Neil Diamond compuso para la película dirigida por Hall Bartlett…

Un relato que, a pesar de su corta extensión, ha dejado decenas de frases de esas que, impresas sobre bellas imágenes -en este caso no hace falta mucha imaginación, gaviotas y puestas de sol son suficientes- se comparten en redes sociales. De esas a las que tanta manía tengo. De esas de entre las que, a pesar de todo, quiero elegir una para cerrar este comentario:

“No tenemos por qué obedecer la Ley si no formamos parte de la Bandada.”

firmatwitterbosquefirmagoogleplus

12 años, 12 libros: “Los muchachos de la calle Pal”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

palLos muchachos de la calle Pal, Ferenc Molnár

Un solar para un muchacho de ciudad representa la estepa, el brezal, la llanura, la infinitud, la libertad. Algo que nunca comprenderán los chavales de campo acostumbrados a los grandes espacios abiertos de los que pueden disfrutar casi sin salir de sus propias casas.

Lo dice -con mejores palabras- Ferenc Molnár en este auténtico clásico de la literatura europea -y no solo de la literatura juvenil sino de la que no tiene edad- que leí de crío y vuelvo a releer casi cuarenta años después. Y lo primero que me sorprende es comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido entre ambas lecturas, recuerdo sin dificultad el nombre de todos y cada uno de los personajes de la historia y el papel que cada cual desempeña en la misma: Boka -presidente de los muchachos de la calle Pal en tiempos de paz y su general en tiempos de guerra-, Konay, Barabas, Csonakos y sus ensordecedores silbidos, Gereb, Nemecsek, los temidos hermanos Pasztor y su justo, noble e implacable jefe Franz Ats…

Lo segundo que me sorprende es ver que el escenario de la novela, el campo de batalla, el lugar en el que unos niños se comportan como adultos -imitando sus actitudes grandilocuentes alternadas con gestos más adecuados a la edad que tienen- se me antoja tan cercano como cuando yo también era un chaval, a pesar de que la novela transcurre en Budapest y yo crecí -y vivo- en Zaragoza, a pesar de que casi un siglo separa la ficción del libro de la realidad de mi infancia.

Lo tercero -aunque tal vez no lo último-, que de nuevo apenas soy capaz de reprimir una lágrima por el bueno de Nemecsek en ese desenlace tan conmovedor con el que se cierra esta novela épica, de amistad, de crecimiento personal de unos críos que deben perder la inocencia a la fuerza, como suele suceder.

pal 3
Los muchachos de la calle Pal tienen su escultura en Budapest. En primer plano, los temidos hermanos Pasztor

Una novela, por tanto, más “profunda” de lo que se espera para algo destinado a niños o jóvenes, escrita con un lenguaje muy cuidado y que salpica esos momentos que te obligan a reflexionar con anécdotas que te hacen sonreír, como ese Club de la Masilla (por la pasta utilizada por los vidrieros) cuyos estatutos obligan a sus miembros a masticarla por turnos para evitar que se endurezca o esa facilidad y pragmatismo con la que los chavales cambian los colores de algo tan sagrado como parece ser una bandera modificando de un plumazo los artículos del Código correspondiente en que se indica cómo debe ser.

Y un solar, el de la calle Pal, el territorio a defender o conquistar, codiciado por bandos irreconciliables al ser algo escaso cuya posesión todos quieren para sí aunque pueda incluso llegar a costar vidas humanas en una lucha que, finalmente, se revelará como inútil.

¿Te suena esto?

Una novela simplemente genial. Magistral.

Termino con unas líneas que Ferenc Molnár dejo escritas en su biografía sobre su novela más conocida.

Los muchachos de la calle Pal es el libro al que más cariño le tengo; lo publiqué por partes a lo largo de 1906 en los folletines de una revista para jóvenes editado por mi viejo profesor, el doctor Kornél Rupp. En aquellos tiempos, por supuesto, yo no era considerado un escritor de peso, por eso escribía a ratos por las tardes en la galería del Café Művész del Gran Bulevar. El cajero me mantenía bajo su estricta vigilancia y casi me arrancaba de las manos las hojas manuscritas. Me gustaba trabajar en la galería por el silencio que reinaba allí, pues aparte del habitual bullicio del café y el incansable son de una banda militar nada me molestaba. En ese tranquilo lugar recordaba mi infancia, cuando aún estudiaba en el Liceo Reformado de la calle Lónyay y existía el terreno en la calle Pál, como un sueño. Aunque la novela es producto de mi fantasía, sus personajes existieron. Eran mis compañeros de escuela, de los que dos siguen siendo muy amigos míos: el dibujante Jenő Feiks y el escritor Árpád Pásztor”.

firmatwitterbosquefirmagoogleplusfacebook-subscribe-follow

12 años, 12 libros: “Narración de Arthur Gordon Pym”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

narracion arthur gordon pymNarración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe

Dios me perdone; pero entonces, en el primer instante, un pensamiento relampagueó en mi mente, un pensamiento que no mencionaré, y sentí que avanzaba un paso hacia el resto ensangrentado. Miré de frente y chocaron mis ojos con los de Augustus, que tenía una expresión tan intensa y ansiosa que me hizo recobrar enseguida mis sentidos. Me precipité hacia adelante con un hondo suspiro y tiré aquello al mar”.

Mi reto para 2014 era releer 12 de las novelas que leí antes de los 12 años. Lo incumplo con esta, pues compruebo que la edición que tengo en casa, la que me regalaron mis hermanos, es de 1978, ergo tenía entonces (cumplía el día que me la regalaron) 14 años.

Pero toda regla merece una excepción y esta novela todavía más.

La novela de Poe, la única que escribió el padre del género detectivesco, el maestro del relato corto, el renovador de lo gótico…

Qué novela.

Vuelvo a leerla décadas después de la primera vez y siento de nuevo la misma angustia que cuando era un crío, la misma que cuando leí El pozo y el péndulo o El entierro prematuro, la misma que padeció Arthur Gordon Pym encerrado durante días en las bodegas del Grampus, el barco que debía ir a la caza de ballenas y terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla para buena parte de su tripulación y en una tumba para toda ella con cuatro excepciones: el protagonista Arthur, su primo Augustus y los marineros Dirk Peters y Richard Parker.

Sigue leyendo “12 años, 12 libros: “Narración de Arthur Gordon Pym””

12 años, 12 libros: “Tom Sawyer”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

TOM SAWYER COBTom Sawyer, de Mark Twain

Mi barrio, Torrero, está separado del resto de la ciudad por un Canal, el Imperial de Aragón, que lo recorre de oeste a este y ejerce de frontera natural entre el norte y el sur de Zaragoza, dejando en nuestro lado -el sur- edificios o instalaciones tan emblemáticas como la cárcel -actualmente Centro de Inserción Social Las Trece Rosas-, un antiguo vertedero al que llamábamos “el guano” o el cementerio.

Un Canal por cuyas orillas se puede pasear ahora, tras una reforma integral que las adecentó hace ya unos cuantos años. Pero cuando yo era un crío aquello era lo más parecido a un manglar de agua dulce que pudiéramos imaginar: vegetación salvaje, barro por doquier y, a falta de cocodrilos o caimanes, unas ratas del tamaño de conejos.

En mi barrio también había unas cuantas parcelas abandonadas, casas que lo fueron de una sola familia y que esperaban ser demolidas definitivamente para levantar edificios para varios vecinos, ruinas a las que se podía acceder por alguna ventana sin ventana o echando abajo una puerta carcomida. Quién sabe si alguna de ellas no ocultaría un valioso tesoro que nunca supimos encontrar.

También, ya lo he dicho, teníamos y tenemos cementerio, con un par de casonas a su entrada que hace cuarenta años no estaban tan bien conservadas como ahora y que constituían el desafío máximo al valor de los chavales del barrio, empeñados en explorarlas una y otra vez en busca de trozos de lápidas, flores marchitas, muertos incorruptos o ataúdes rotos.

Sigue leyendo “12 años, 12 libros: “Tom Sawyer””

12 años, 12 libros: “Viaje al centro de la Tierra”


A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

viaje al centro de la tierraViaje al centro de la Tierra, de Julio Verne

Termino un viaje en el que he tenido que ser miniaturizado para internarme en los intrincados recovecos del cuerpo humano y me embarco en otro en el que dicho proceso no es necesario, pues el cuerpo en el que debo introducirme es lo suficientemente grande como para alojarme a mí y a todos aquellos que en este momento podáis estar leyendo esta entrada.

Y lo hago en inmejorable compañía, la del impetuoso e irascible profesor Otto Lidenbrock, la de su escéptico sobrino Axel y nuestro guía Hans, islandés fiel e inmutable donde los haya.

Y lo hago siguiendo los pasos de alguien que ya realizó el mismo viaje tres siglos antes, el alquimista Arne Saknussemm, dejando instrucciones imprecisas pero suficientes como para que el animoso Lidenbrock decida por todos que la loca aventura es factible.

Nos adentramos en la Tierra a través de uno de los cráteres del volcán Sneffels, cargados como burros con vituallas para varios meses (galleta y carne en conserva, fundamentalmente), cantimploras y odres llenos de agua, rudimentario material de escalada, un pequeño botiquín que no parece suficiente ni para unos primeros auxilios y ciertos instrumentos de navegación de los que ahora sé algo pero que la primera vez que los leí -hará cosa de cuarenta años- me sonaban a chino.

Sigue leyendo “12 años, 12 libros: “Viaje al centro de la Tierra””