Novela: “La crueldad de abril”, de Diego Ameixeiras


Un crimen absurdo, sin sentido, de tercera (como mucho de segunda, dependiendo de si se tiene cubierta o no la cuota de «buena conciencia» del día), pues a eso es a lo máximo que podría aspirar en cualquier medio la noticia de un par de sintechos muertos en un incendio de una pequeña ciudad.

Una historia negra, densa como la pez, sobre lo sórdido del alma humana. Una historia dura, sin concesiones, en la que la redención, cualquiera que sea, no tiene cabida (¿acaso la encontramos en el mundo que nos rodea, mundo no apto para almas sensibles?). Un relato devastador que proyecta una luz de una claridad inmisericorde sobre la podredumbre de nuestra sociedad, la cotidiana, la tuya y la mía (no se engañe el lector: así es, por mucho que sus «protagonistas» parezcan pertenecer a esa zona marginal dentro de lo marginal que sólo habitan los perdedores), no la de los chivos expiatorios que solemos elegir para acallar nuestras conciencias, esa clase alta de políticos, empresarios, especuladores… «carentes de corazón», como si nosotros, en nuestro insignificante anonimato (bonita y cómoda coartada), lo tuviésemos. Y, con todo, es un texto atravesado por un sorprendente y perturbador lirismo, que contribuye a crear un relato incómodo, pero emocionante y conmovedor.

La crueldad de abril
Diego Ameixeiras
Akal

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Novedad editorial: “El excomulgado”, de José Giovanni


El excomulgadoEl carismático Roberto Borgo llega a Marsella para liberar a su amigo Xavier Adé, encarcelado por un asesinato que no cometió. Borgo disparaba más rápido que los demás, siempre daba en el blanco y cuando dejaba caer su mirada negra como el carbón en el adversario, este sentía el peso de la muerte. Por ese motivo le llamaban La Scoumoune (el Excomulgado)…, un nombre de mal agüero. Sin embargo, sus amigos le habían visto enternecerse una vez por una mujer y siempre con la música de un organillo.

Como muchas de sus novelas, la obra fue llevada a la gran pantalla bajo la dirección del propio José Giovanni en 1972 con el título La Scoumoune, estrenada en nuestro país como El clan de los marselleses e interpretada en sus principales papeles por Jean-Paul Belmondo, Claudia Cardinale y Michel Constantin.

A la venta el 3 de abril de 2014

El excomulgado
José Giovanni
Trad.: Esperanza Martínez Pérez
Akal
 

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“La muñeca ciega”, de Giorgio Scerbanenco


la muñeca ciegaNi es la primera vez que escribo en este u otros blogs sobre Giorgio Scerbanenco ni es la primera vez que confieso mi admiración por el italiano de Kiev. Lo hice cuando Almuzara editó esos veinte estupendos relatos de amor y muerte que componen el libro Matar por amor, cuando decidí releer las cuatro novelas protagonizadas por su personaje estrella, el médico Duca Lamberti o cuando, con motivo del viaje literario-criminal que estábamos contando en Calibre .38 nos tocó visitar Milán, precisamente de la mano de Lamberti.

Y cuando escribía unas líneas sobre las cuatro de Duca Lamberti pensaba en el marronazo que le había caído a la gente de Akal al decidir reeditar esas novelas, que yo tenía en su edición setentera-ochentera. Digo marronazo porque el lenguaje utilizado por Scerbanenco en aquellos títulos era de todo menos políticamente correcto, con lindezas como como mutante, invertido, pederasta o monstruo para referirse a un homosexual, o como subnormal para lo que solemos llamar actualmente disminuido psíquico.

Pero esas cuatro novelas son solo una pequeñísima muestra de todo lo que salió de las manos del de Kiev, más de cincuenta novelas -algunas de ellas editadas en España en los ochenta en la ya mítica colección El Club del Misterio, como Las princesas de Acapulco o Te llevaré a ver el mar– y decenas de relatos no siempre de temática criminal.

Cinco de ellas componen una serie de la que no había leído nada -solo una fue editada en nuestro país en los setenta por Bruguera- y que transcurre en la ciudad de Boston. Cinco novelas -y algunos relatos- escritos entre 1940 y 1942 y protagonizados por un empleado de la policía (no llega a ser agente o detective, su relación con el Cuerpo es algo así como la de asesor o ayudante) llamado Arthur Jelling y con un narrador en la sombra, que es quien nos da cuenta del avance de sus investigaciones, el profesor de psicopatología Berra.

Akal, como hiciera con las de Lamberti, comienza su recuperación o, al menos, edita por primera vez en España una de ellas, la segunda de la serie: La muñeca ciega (La bambola cieca, 1941). Una novela, desde luego, muy diferente a las de Lamberti, más cómoda, más burguesa, previa a eso que decía Chandler sobre Hammett acerca del jarrón veneciano arrojado a los sucios callejones como explicación del paso de la novela policíaca a la negra negrísima.

La muñeca ciega es, no obstante, una historia un tanto atípica que se aparta de los cauces clásicos de la novela enigma si bien tiene mucho de ella. Parte de la denuncia presentada por un médico que ha sido amenazado de muerte si accede a operar -y devolver la visión- a un millonario bostoniano, debiendo por tanto Jelling comenzar a investigar un crimen que todavía no se ha cometido, poniendo bajo la lupa -como mandan los cánones- a todo aquel que pudiera beneficiarse de la ceguera permanente del millonario: su hermano, su prometida, otros doctores celosos del presumible éxito de la intervención, un par de vividores que se mantienen a su costa…

Todo ello a golpe de puritita intuición e incluso siguiendo el cuestionable método de ensayo y error, con un lenguaje y modales mucho más educados y exquisitos que los marca Lamberti, para dar como resultado una novela muy interesante a pesar de no ser de lo mejor que servidor ha leído de Scerbanenco -recordemos que es una de sus primeras novelas e incluso los genios deben pasar por un proceso de aprendizaje- y que, considero, no debería faltar en la biblioteca de quienes, como yo, nos declaramos devotos de uno de los mejores escritores que ha dado la literatura criminal. El precio, 9.50 euros, todavía anima más a ello.

De paso, una petición a la editorial: no me importaría nada seguir completando esta serie de Arthur Jelling. Sin prisas, pero sin pausas, como decía aquel.

 
La muñeca ciega
Giorgio Scerbanenco
Trad.: Cuqui Weller
Akal
 

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