Vuelve Dennis Lehane, el «number one» de las letras negras


Lo confieso: soy muy lehanista y considero al de Boston como uno de los mejores -qué coño, el mejor- escritores vivos de novela negra.

Disfruté en su día con la excelencia de Mystic River, me llegó a desconcertar por momentos con Shutter Island, le acompañé a lo largo y ancho de varias décadas por las calles de Boston a través de esa magna trilogía protagonizada por Danny Coughlin aunque, puestos a confesar, diré que el arranque de la primera de la serie –Cualquier otro día-, tan centrada en el mundo del beisbol, me costó lo suyo.

Evidentemente, fue para mí un placer recibir las galeradas de su última novela, Después de la caídaSince We Fell-, para poderla leer antes que el común de los mortales. Y la disfruté, no podía ser de otro modo. Gocé con este narrador capaz de mantenerte en vilo durante más de doscientas páginas en las que apenas «pasa nada» para entrar en una segunda parte desbordante de acción y sorpresas a cada vuelta de página.

Os lo cuento, por supuesto, en mi reseña de Calibre .38.

Ah, ya que estamos de confesiones… ¡No he leído ni una de la serie de Kenzie y Gennaro!

¿Es grave, doctor?

Mi alfabeto del crimen: L de Lehane, Dennis


1011_lehane-headshot

Dennis Lehane, nacido en Boston el 4 de agosto de 1965, irlandés de origen, circunstancia esta que se deja ver en bastante de sus novelas.

Debuta en los años noventa con una gran serie, la protagonizada por Kenzie y Gennaro y que consta ya de 6 títulos, pero es en 2001 cuando Lehane pega el pelotazo con un novelón como Mistyc River, especialmente por -no lo vamos a negar- la repercusión cinematográfica de Clint Eastwood.

Su relación con la pantalla -grande o pequeña- es permanente, pues también tienen versión cinematográfica las novelas Shutter Island y la muy reciente La entrega. Además, en la televisión, ha sido guionista de series ya míticas como The Wire o Boardwalk Empire.

Con tal producción y de tal calidad, es difícil quedarse con un título. Si me obligas a punta de pistola, tal vez me quede con Vivir de noche, ganadora del premio Edgar en 2013 y que narra, en 500 vertiginosas páginas, el nacimiento, ascenso y ocaso de Joe Coughlin, un gángster bostoniano cuya carrera arranca, como debe ser, en los años veinte.

Pero repito, por elegir una nada más.

 

Sigue el blog (y mucho más) en Twitter, Google+ y Facebook

Novedad editorial: «La entrega», de Dennis Lehane


Entrega, La_PELICULA_300_CMYKBob Saginowski lleva dos décadas tras la barra del Cousin Marv’s, un antro de fieles parroquianos situado en un barrio obrero de Boston que la mafia local utiliza como punto de encuentro para sus negocios. Taciturno y solitario, Bob acude todas las mañanas a la iglesia de Saint Dominic en busca de respuestas a sus problemas de fe. Dos días después de Navidad, su monótona existencia da un giro inesperado cuando, de regreso a casa, rescata de un cubo de basura a un cachorro maltratado y conoce a Nadia, una mujer sensible con una enigmática cicatriz en la garganta. Sin embargo, lejos de augurar tiempos mejores, el doble encuentro es sólo el preludio de graves apuros: el bar sufre un atraco a mano armada, el inspector Evandro Torres indaga en el asunto, y las bandas rivales entran en acción. Aunque sin duda lo peor es la aparición de Eric Deeds, un ex convicto psicópata que reclama la propiedad tanto del perro como de Nadia, cosa que Bob, que casi a su pesar se ha encariñado de ambos, no está dispuesto a concederle. Así, lo que había comenzado como un cuento navideño deriva gradualmente hacia una violenta pesadilla.

Dennis Lehane regresa a los ambientes de Mystic River con una novela de gran concisión y sustancia, otra lección narrativa magistral que hunde sus raíces en la mejor tradición estadounidense del género negro. La entrega ha sido llevada al cine con guión del propio Lehane, y es la última película en la que participó el recordado James Gandolfini.

La entrega
Dennis Lehane
Trad.: Magdalena Palmer Molera
Salamandra Black

Si te ha gustado esta entrada ¿me echas un cable compartiéndola en tus redes sociales? Gracias

De retretes y contables


Collage-Ley-Seca

Joe abarcó el cuarto con la vista: tenía la ruleta a su espalda y la mesa de dados bajo las escaleras, contra la pared. Contó tres mesas de blackjack y una de bacarrá. En la pared del fondo había seis máquinas tragaperras. El servicio de comunicaciones consistía en una mesita baja con una docena de teléfonos y, detrás de ellos, un tablón con los nombres  de los caballos de la carrera número doce de anoche en Readville. En la única otra puerta, aparte de aquella por la que habían entrado, lucía una letra R, de retrete, trazada con tiza, lo cual tenía toda su lógica,ya que a la gente le da por mear cuando bebe.

Pero también era cierto que, al atravesar el bar, Joe había visto dos cuartos de baño que ya cubrían esa necesidad. Y el retrete en cuestión estaba cerrado a cal y canto. Le echó un vistazo a Brenny Loomis, que estaba tirado en el suelo con la mordaza en la boca, pero al quite de lo que pudiera pasar por la cabeza de Joe. Este observó que en la de Loomis también se desarrollaba cierta actividad. Y confirmó lo que había intuido nada más ver el candado: no se trataba de un baño.

Era la sala de contabilidad.

La sala de contabilidad de Albert White.

Vivir de noche, Dennis Lehane