Google Play vs Amazon


Como propietario de un smartphone con sistema operativo Android que soy, ya llevo un par de años recurriendo al Market cada vez que quiero descargarme alguna aplicación gratuita para mi móvil, ya sea una simple brújula, un acceso a la prensa diaria, las correspondientes a las redes sociales que frecuento (Facebook, Twitter, Google Plus)…

Recientemente, Market pasó a llamarse Google Play y amplió sus servicios, añadiendo a la tienda de aplicaciones (gratuitas y de pago) otra para vender películas y otra de libros. Estas dos últimas no las conocía aunque había oído hablar de ellas y esta mañana…

Esta mañana he accedido a la citada Google Play para actualizar una de las aplicaciones que empleo habitualmente y, no sé por qué, me ha dado por pulsar en el acceso a la tienda de libros. Primera sorpresa: la portada que me recibe es la de la última novela de Toni Hill, de quien ya tuve ocasión de disfrutar hace unos meses de su verano de los juguetes muertos.

Por supuesto, no he podido evitar pinchar en la imagen que me ofrecía mi teléfono para encontrarme con la segunda sorpresa: al más puro estilo Amazon para su Kindle, Google Play me ofrece la posibilidad de descargar en mi smartphone -y esto sirve igualmente para una tablet, por ejemplo- una muestra gratuita de la novela, las primeras páginas que, tal vez, me animen a comprar el libro posteriormente.

Dicho y hecho, pulso en muestra gratuita y, tras descargar (no la tenía instalada todavía) la aplicación gratuita Play Books, tengo en mi móvil, en cuestión de segundos, esas primeras páginas de la novela de Hill.

Abro el libro y tercera sorpresa: si pensaba que la experiencia lectora del Kindle era insuperable, aquí llegan Play Books y Google Play para demostrar que hay alguien capaz de hacer sombra a la todopoderosa Amazon: un auténtico placer ver lo fácilmente que deslizan las páginas por la pantalla; un gustazo poder cambiar la fuente del texto y su tamaño o el interlineado; y una maravilla comprobar que puedo sincronizar la lectura con otros aparatos de modo que, si sigo leyendo en otro dispositivo, lo haré empezando por la página en que cerré el libro en mi móvil.

Con todo lo dicho, ¿superará Google Play a Amazon como plataforma de descarga de contenidos de pago? A su favor cuenta con varios factores: se venden más tablets que ereaders, se puede utilizar tanto en Android como en iOS (el sistema de los iPad), que copan casi el cien por cien del mercado, no está sujeta a un dispositivo en exclusiva como sucede con Amazon y su Kindle sino que puedes comenzar ya mismo a emplearlo si tienes un smartphone o tablet por casa…

Veremos qué pasa. Por mi parte, ahí me tendrás dentro de poco con mis tres novelas editadas en papel y que próximamente estarán disponibles como ebooks: El último avión a Lisboa, Manda flores a mi entierro y Suicidio a crédito. Menos excusas, por tanto, para no leerlas. En todo caso, y aunque no sea con mis novelas, te recomiendo que pruebes esta nueva fuente de disfrute para los aficionados a la literatura. Seguro que repites.

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La detención de Ugarte


Acomodados los últimos espectadores que llegan al cine iniciada la proyección, Antonio se aposta a la entrada de la sala, dispuesto a disfrutar una vez más con las desventuras de Rick. Regularmente, se cuelga de su cuello la bandeja con la que, de un modo absolutamente maquinal, cumple otro de sus cometidos, el de ofrecer a la concurrencia caramelos y otros dulces entre las protestas de algunos por la intromisión del acomodador siempre en lo mejor de la película.

Aprovecha la escena de la detención de Ugarte, que siempre le provoca cierto malestar, para salir a beber un trago de agua. De camino, pasa por delante de Aurora, la encargada del guardarropa. Aurora tiene unos cincuenta años y utiliza siempre en sus vestidos unas tallas que, con dificultades, intentan contener los excesos de su anatomía. Sus cabellos están teñidos de un color rubio que a duras penas consigue aclarar las oscuras raíces; los ojos, subrayados con una gruesa línea que, de tan prolongada como es, parece querer alcanzar la oreja; y cerrando el óvalo achatado de su cara, unos labios finos, rojos de carmín barato. Todo el conjunto conforma un aspecto artificial y poco agradable a la vista.

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

Juegos infantiles


Circulan durante varios kilómetros hacia el sur de la capital, Antonio con la mirada perdida en el salpicadero de la furgoneta, intentando no pensar demasiado en las consecuencias que pudiera acarrear su descuido. El Flaco enfila una calle cubierta de profundos socavones y flanqueada por sendas filas de casas de una sola planta. Un numeroso grupo de niños desharrapados juega entre montones de chatarra acumulados sobre la maleza de los descampados circundantes; otros simulan conducir los restos de un coche calcinado que corona una pequeña colina cercana. En una de las aceras, dos muchachos de aproximadamente doce años se pelean mientras una maraña de voces estridentes jalea por igual a ambos contendientes.

Cuando la furgoneta se detiene frente a la puerta de una de las parcelas, varios de los chavales que están presenciando indiferentes la pelea callejera se arremolinan en torno a los dos visitantes. No hay muchos entretenimientos en la barriada y cualquier novedad es bienvenida. Adolfo se quita de encima a uno de los muchachos de un violento empujón y hace amago de arremeter contra otro de ellos pero, tan aprisa como han surgido de la nada, aquella marabunta curiosa desaparece corriendo desordenadamente y buscando refugio en la esquina más próxima, desde donde siguen atentos los movimientos de Antonio y el Flaco.

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

Un frágil decorado viviente


Louis, con el vaso entre las manos, asiste en silencio a la discusión entre Rick y Ugarte. Su acusado sentido de la moderación le obliga a permanecer callado y no intervenir en una conversación entre dos viejos amigos que parecen conocerse a fondo. Máxime cuando él no es sino un recién llegado al grupo que aprecia sinceramente a Rick, pero de cuyo pasado apenas sabe nada.

—¿Esto le pasa muy a menudo? —pregunta cuando ve desaparecer a Rick por las escaleras.

Ugarte se toma su tiempo para contestar. Conoce a Rick desde hace años y no es la primera vez que le encuentra en una situación similar. En alguna ocasión llegó a describir a su amigo como un decorado viviente: fachada bien armada y con aspecto sólido pero soportada sobre una tramoya de frágiles listones, de modo que basta con que la carcoma haga su trabajo para que el edificio se venga al suelo en cuestión de segundos. Y en lo de venirse abajo Rick tiene experiencia, pues lleva tiempo alternando momentos de euforia incontenible con episodios de profunda depresión que, invariablemente, termina intentando combatir con alcohol, un alcohol que actúa como la carcoma y amenaza con destrozar su estructura, haciendo de Rick un hombre cada día más huidizo y vulnerable.

Louis parece haberse resignado a no obtener respuesta a su pregunta, pero Ugarte considera finalmente que alguna explicación debe darle.

—Solo cuando está enamorado —responde lacónico mientras abandona el café con gesto adusto—. Solo cuando está enamorado.

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

Mayo Negro 2012


“Negra y digital. Edición, promoción y crítica en la era de Internet.”

Con un tema así, ¿cómo no voy a estar deseando meterme en el cuerpo el viaje de más de seis horas en dos trenes que me lleve a Alicante y otras seis al día siguiente que me devuelvan a mi casa? Un privilegiado me siento al poder compartir mesa -y espero que mantel- con sujetos de la calaña de Francisco J. Ortiz, responsable del blog Abandonad toda esperanza y autor del libro Hasta donde el cine nos lleve; Claudio Cerdán, autor de la excelente novela El país de los ciegos; y Santiago García Tirado, escritor y director del Periódico Irreverentes.

Además, para poder hablar de temas que me apasionan, de esa difusión del género que lleva uno haciendo desde hace casi diez años a través de La Balacera o cuatro desde Calibre .38, de redes sociales y lo que estas aportan a la promoción literaria, del maravilloso y casi recién nacido mundo de los libros electrónicos, la oportunidad que supone para autores consolidados y para aquellos que se inician en este tinglado así como de las “verdades” aceptadas al respecto y que tal vez resultan más que cuestionables: la autoedición y el peligro que supone para los editores, la muerte del libro impreso por culpa del electrónico, los precios y la presunta resistencia de los lectores a pagar por los libros, la utilidad de los mecanismos anticopia, la falta de demanda…

Será el viernes 1 de junio, a las 18.00, en la Sede Ciudad de Alicante (Sala Rafael Altamira, Av. Ramón y Cajal 4). Os esperamos.

Cantando La marsellesa en el café de Rick


Ya ha visto Casablanca veinte o treinta veces y, sin embargo, nunca se cansa de ella. Su condición de acomodador le obliga a permanecer durante las proyecciones más pendiente de los espectadores que de lo que ocurre ante sus ojos, así que no le queda otro remedio que ver las películas fragmentadas en pequeños retazos que su memoria, y en ocasiones su imaginación, debe encajar como si estuviera montando un rompecabezas animado. Y esa visualización de escenas sueltas, que a veces le cuesta recomponer y ordenar cronológicamente, le permite, aunque pueda parecer paradójico, prestar más atención a las piezas separadas, descubriendo cada día un nuevo matiz que, hasta entonces, ha permanecido oculto a sus ojos: una expresión cómplice en el rostro de alguno de los protagonistas, un personaje aparentemente secundario que, inopinadamente, adquiere una mayor dimensión, una voz distinta que se suma a las de los demás parroquianos del Rick’s entonando el himno francés…

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

“El último avión a Lisboa”, en formato ebook


En junio de 2000 publiqué mi primera novela, El último avión a Lisboa, la que más tiempo me llevó escribir de las cuatro editadas hasta la fecha, la más personal e intimista y la que, desde luego, mayor trabajo de documentación requirió, desde ver decenas de veces Casablanca y estudiar a fondo el guión de la película y todo lo escrito sobre su rodaje hasta repasar documentales del No-Do, buscar anuncios publicitarios y prensa de 1947, escuchar algunas canciones de la época…

En diciembre de 2011 pensé que sería una buena idea darle una nueva oportunidad, esta vez digital. Pero antes había que corregir muchas cosas para dejarla como debería haber salido si el editor hubiera hecho su trabajo en su momento, una labor de poda, limpieza, corrección a fondo… Un mes de trabajo que me ha convencido de que la novela, definitivamente, merecía esa segunda oportunidad.

Y la va a tener, de la mano de LIteraturas com Libros, editorial con la que publiqué hace unos meses mi última novela, Cuestión de galones, en todos los formatos disponibles (para Kindle, aparatejos varios de Apple, epub sin DRM…) y a un excelente precio de 2.99 euros.

Será en junio de 2012. Estoy impaciente, deseando que esté en tus manos y esperando que la disfrutes tanto como yo al escribirla y reeescribirla.

Mientras llega el momento, iré informando puntualmente y dando detalles de aquel proceso de documentación a través de su página en Facebook y de la web que le he abierto.

Nos vemos. Nos leemos.

Pasando página


Mucho tiempo llevaba yo pensándome esto de pasar página y probar lo de los ya no tan nuevos e-books (ya dije una vez que a mí me gustaba llamarlos libros-e, aunque parece que el nombre no termina de cuajar), pero siempre me echaba para atrás en el último momento. Y siempre por tres factores que jugaban en contra de la novedosa tecnología que suponía leer en una pantalla impresa con tinta electrónica en lugar de con la de toda la vida: el precio de los e-readers (¿lectores-e por coherencia con los de los libros-e?), el precio de los propios e-books o libros-e (fijado por mentes enfermas, no se les puede llamar de otro modo) y la experiencia lectora.

En cuanto al precio de los dispositivos que permiten leer este tipo de libros, los 300 euros que pedían hace cuatro días para una cosa que solo cumplía una función me parecían sinceramente excesivos; los 160 actuales y con unas especificaciones muy superiores (que pueden incluir wifi o pantalla táctil, como es el caso que nos ocupa), ya no tanto.

Lo de los libros… lo dicho, pedir 10 y 15 euros por una novedad o no tanto me parece cosa de locos, algo propio de quienes pretenden perpetuar un modelo de reparto de beneficios que convierte al escritor en el más alienado de los trabajadores, cobrando -si hay suerte- unas cantidades escandalosamente ridículas por el trabajo realizado -bien o mal- a lo largo de tantos meses. Lo dije hace unos meses aquí, pero por suerte ya hay editores inteligentes -tanto en novela como en cómic- que han entendido cómo deben hacerse las cosas, y empieza a ser razonablemente sencillo encontrar libros absolutamente recién salidos del horno por no más de 4 euros. No solo editores inteligentes, también autores consagrados como Lorenzo Silva han comprendido que el modelo de negocio debe cambiar necesariamente y ofrecen su obra a precios módicos, sumando nuevos lectores a los miles que ya les seguían en el formato tradicional.

Finalmente, la experiencia lectora, que hasta ahora se limitaba a leer en la pantalla del ordenador algunos textos clásicos -de esos que se encuentran gratis por ahí- o de amigos que te regalaban sus novelas antes de salir en papel. Y digo hasta ahora porque desde ayer tengo un aparatito nuevo que me temo va a terminar disipando todas mis dudas al respecto, un Bq Avant con 6 pulgadas de pantalla -táctil, por cierto, con lo que lo de pasar página es un gesto muy similar al tradicional- y conexión wifi entre otras cosas que estoy descubriendo. Como el de la foto de arriba, vaya. Y la cosa cambia, y mucho.

De momento lo he cargado con varias decenas de esos clásicos de los que hablaba antes -incluyendo a Poe, Doyle, Wilde, Balzac o Pérez Galdos- y algunos muy nuevos de amigos cuyas novelas en este formato me apetecía leer, entre ellos: El hombre que mató a Durruti, de Pedro de Paz; El color de la maldad, de Armando Rodera; El loco de las muñecas, de Empar Fernández; Asesinato en la isla de los gansos, de Erlantz Gamboa -publicado en papel solo en México pero que el autor, muy amablemente, me envió ya hace algún tiempo en formato pdf-; y, finalmente, El árbol bajo el que siempre llueve, de Luis Gutiérrez Maluenda. Todos ellos, como también decía antes, novedades editoriales y por menos de 4 euros cada uno.

Y como dicen que los últimos serán los primeros, éste de Maluenda será el primero en caer, porque fue el primer que compré y porque también dicen que no hay dos sin tres, y dos han sido las novelas que he leído en lo que va de año año de este estupendo escritor: Mala hostia y Los muertos no tienen amigos.

Ya os contaré, pero me parece que me va a gustar esto de pasar página.

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