Trilogías que deberían constar de más de tres novelas: “Manguis”, de Paco Gómez Escribano


manguisAntes de que los Vaquilla, Torete, Pirri, Jaro y compañía comenzaran a hacer de las suyas a finales de los setenta y principios de los ochenta (y a quienes Paco Gómez Escribano dedicó la primera entrega de su trilogía de Canillejas en la novela Yonqui), el barrio madrileño ya apuntaba maneras en esto de los palos, consumo y tráfico de drogas y delincuencias varias. Eran los tiempos del desarrollismo franquista -con el dictador a punto de palmarla; en la cama, eso sí, como las gentes de bien-, tiempos en los que la capital empezaba a absorber como un agujero negro a las diferentes localidades que estaban dentro de su campo de gravedad. Absorber para alojar a miles de inmigrantes, no para dotarlas de servicios básicos. Absorber para especular en el futuro, abriendo, por ejemplo, bocas de metro en descampados, a gran distancia de los habitantes de aquel momento y a la espera de otros con más recursos que poblasen la zona unos años más tarde.

Buen caldo de cultivo, el de los años setenta, para ir preparando el terreno de lo que el autor nos ha contado en la citada Yonqui, en Lumpen después (escrita a cuatro manos junto al genial Luis Gutiérrez Maluenda) y en estos Manguis fundacionales que cierran la trilogía haciendo que el lector se traslade, durante unas horas de puro disfrute, al principio de todo.

Lee mi reseña de la novela en Calibre .38

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Segundas partes sí pueden ser buenas: “La chica olvidada”, de Noelia Lorenzo Pino


olvidadaEn La sirena roja conocíamos a una pareja de policías integrada por la agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua. Apuntaban maneras y prometían una continuidad que sería bien recibida por sus lectores.

Una pareja que se consolida en esta su segunda entrega, La chica olvidada, en la que nos encontramos con una historia mucho más pulida, más creíble -me remito a mi reseña de la anterior, en la que decía que los asesinos en serie no terminan de convencerme-, con unos personajes que han crecido, evolucionado favorablemente, dejado atrás algunos miedos o problemas -al menos lo intentan- y afrontando otros nuevos mientras tratan de resolver el asesinato de una muchacha de veinte años que -lo sabrán después- presenta ciertas similitudes con otro cometido en la misma zona catorce años antes.

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Novedad editorial: “El asesino de reinas”, de Javier Sagastiberri


reinasBizkaia, otoño de 2008. La noche en que el Athletic inaugura con una victoria su triunfal marcha en la Copa que le conducirá a la final, una mujer aparece estrangulada en el parque de Artaza.
La joven, pronto conocida como “la reina eslava”, será la primera de una serie de víctimas que aparecerán en el mismo lugar ocupando unos tronos de madera que parecen erigidos para la realización de un misterioso ritual.
Las muertes se suceden coincidiendo con los encuentros del Athletic, de tal manera que Itziar Elcoro, la ertzaina guipuzcoana encargada de la investigación, empieza a entrever una oscura relación entre el devenir del Athletic en la Copa y la sucesión de asesinatos.
Habrá que esperar al partido de la final que acabó enfrentando al Athletic con el Barça más poderoso de la historia para que el caso se resuelva de forma sorprendente.

 

El asesino de reinas

Javier Sagastiberri

Erein

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Novedad editorial: “La chica olvidada”, de Noelia Lorenzo Pino


olvidadaLa agente Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua investigan, tras la aparición de su cadáver, el asesinato de la joven Lorea Gálvez. La similitud del caso con un crimen, aún sin resolver, ocurrido catorce años antes en plenas fiestas de Hondarribia, hará que éste cobre actualidad y se reabra gracias a los esfuerzos e insistencia de la patrullera Lía Yoldi, amiga íntima de la víctima y aún obsesionada con su muerte. La reapertura del caso desenterrará emociones soterradas en la agente al rememorar, con ayuda del diario de su amiga, sus últimos días de existencia.

Un relato donde se entrecruzan dos pesquisas paralelas que avanzan implacablemente, con una trama perfectamente hilvanada y una resolución absolutamente sorprendente.

La autora, además, se muestra como una sutil observadora de las relaciones que se establecen entre grupos humanos, tanto en la propia Ertzaintza, como en las familias y amigos tras la fractura que se produce ante la muerte violenta de uno de sus seres queridos.

 

La chica olvidada

Noelia Lorenzo Pino

Erein

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Novedad editorial: “Demasiado ruido”, de José Javier Abasolo


ruidoEl asesinato en el centro de Bilbao de un mendigo, alguien invisible a los ojos de la sociedad, no parece inquietar a nadie, salvo a Mikel Goikoetxea, más conocido como “Goiko”, un antiguo ertzaina que, pese a haber abandonado tanto su vieja profesión de policía como sus actividades posteriores de detective, se ve abocado a investigar qué hay detrás de esa muerte que, de un modo inesperado, amenaza también la tranquila existencia que se ha forjado en los últimos tiempos e incluso su propia vida.

Pero Goiko no es el único interesado en conocer lo ocurrido. Su viejo compañero Eneko Goirizelaia, alto cargo de la Ertzaintza, la policía autonómica vasca, anda también tras la pista de los asesinos y no deja de presionarle, ya que sospecha que su excolega sabe más de lo que le cuenta.

Y por si eso no fuera suficiente, unos extraños asesinatos cometidos en Londres, que traen en jaque a las autoridades de Scotland Yard, así como las vicisitudes de un inmigrante africano que antes de viajar a Europa fue policía en su país natal, acabarán complicando aún más la situación, llevando a Goiko a un límite en el que su propia estabilidad personal será puesta a prueba.

 

Demasiado ruido

José Javier Abasolo

Erein

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Novedad editorial: “Manguis”, de Paco Gómez Escribano


ManguisCorre el año 1972 en Canillejas, un barrio del extrarradio de Madrid. Todos esperan que Luis Fores, inspector jefe en la comisaría de San Blas, sea nombrado subcomisario. Sin embargo el cargo es finalmente para Jerónimo Cabezas, un inspector más joven y con nuevas ideas, como quieren los de arriba, debido al cambio político que se avecina. Esto colma el vaso de las aspiraciones del veterano inspector que decide tomarse la justicia por su mano organizando un atraco a un furgón blindado para garantizarse su jubilación de oro. Para ello se alía con el Torre, uno de los capos del barrio, en quien delega para conseguir las armas y reunir un equipo de personas de confianza que finalmente resultan ser dos putas, un yonqui y dos politoxicómanos.

En estas condiciones, después de muchas horas de negociar un plan y los porcentajes, arranca esta novela negra aderezada de costumbres y paisajes de otra época, en la que se muestran la idiosincrasia y el modus vivendi de aquellos que se ven obligados a delinquir porque son los desheredados de una ciudad que no les ha dado nada.

 

Manguis

Paco Gómez Escribano

Erein

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Sirenas, tatuajes y violencia doméstica


sirena rojaEl libro llevaba en mi pila de pendientes mucho tiempo, demasiado, acercándose ya a ese límite en el que corre peligro de pasar totalmente desapercibido al quedar sepultado -literalmente- por las siguientes novedades que van llegando de modo implacable cada semana. ¿Y por qué? No sé, tal vez la sinopsis de contraportada, leída a la hora de separar los libros a leer entre los “ya mismo” y los “tal vez más adelante”, no me animaba a hacerlo, eso de asesinos en serie, prejuicios religiosos, oscuros secretos… Términos, sí, atractivos para muchos potenciales lectores pero que a mí me suelen producir un cierto rechazo. Hasta que un buen día de vacaciones vi la novela incluida en el valioso fichero del colega Javier Abasolo y me dije: ¡a por ella!

Decisión acertada, desde luego, pues ya en las primeras páginas y en el arranque de la investigación me encuentro con que, a pesar de que todo apunta a que me voy a encontrar con un serial killer de manual, de los de traumas infantiles que terminan convirtiéndote en psicópata selectivo, la cosa pinta bien y quizás todo termine teniendo una explicación mínimamente plausible (es lo que tengo con este tipo de criminales, que no me los creo o no al menos en este país).

Avanzo rápido acompañado por una interesante galería de personajes, comenzando por los protagonistas, la agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua, una pareja que, a pesar de llevar poco tiempo trabajando como tal, se complementa a la perfección, con una Eider más fiel al procedimiento policial y un Jon Ander con cierta propensión a ir por libre.

Y esa es una de las claves de la novela de Noelia Lorenzo Pino, la facilidad para componer personajes de carne y hueso, para trazar sus relaciones familiares -fundamentalmente en lo que se refiere al entorno más cercano de la agente así como del de Lorena, la tatuadora en torno a la que gira toda la trama- y el gran oído que demuestra la autora para los diálogos.

Otra clave de la historia, la más que correcta administración de la intriga y la habilidad con que Noelia, en la mayoría de los casos -hay momentos en que un lector avezado se olerá la trampa sin dificultad-, consigue conducir al lector en la dirección que le interesa. Más mérito si cabe teniendo en cuenta que la plantilla de sospechosos habituales está bastante cerrada, pues todo, por fuerza, debe centrarse en el círculo más íntimo de Lorena.

Y de fondo, flotando entre líneas, una historia de violencia doméstica soterrada, no por poco visible menos denunciable, la que asesta golpes no sólo o no necesariamente físicos sino psicólogicos pero igualmente dolorosos y humillantes.

Al desenlace se llega por eliminación, descartando cada una de las piezas sobrantes cuando la autora decida que así sea, pero, créeme, en esta novela el quién es lo de menos, importa más el por qué y, sobre todo, el entorno en el que se han cometido los crímenes.

Una buena historia y, repito, unos excelentes personajes que pueden dar mucho de sí. Al tiempo.

La sirena roja

Noelia Lorenzo Pino

Erein

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Diez negritos con los que disfrutar este verano


portada-10-negritosLedesma Álvarez, Ravelo, Cerdán, Zanón, Del Árbol, Hernández, Sainz de la Maza, Navarro, González Harbour y Hill.

Diez negritos, diez ya no promesas sino auténticas realidades del género negro en España.

Siete de ellos que ya han pasado por mis manos -sus tramas, quiero decir- en formato largo y en más de una ocasión. Y si repito lectura de un mismo autor es que me ha dejado muy buen sabor de boca en el primer contacto.

Seis de ellos, amigos o conocidos personalmente, de esos con los que he tenido la suerte de compartir mesa y mantel, copas, charlas y risas, muchas risas, que en el mundo negrocriminal se ríe, y mucho.

Uno de los diez, el multipremiado, Ravelo, compañero de fatigas en ese lujo de revista que tengo el placer de dirigir.

Cada uno de ellos responsable de un estupendo relato -no es por quedar bien, pero me resulta difícil elegir uno o dos de ellos como mis favoritos, el nivel es muy muy alto de principio a fin- en esta antología seleccionada por dos veteranos en estas tareas como son Àlex Martín Escrivá y Javier Sánchez Zapatero -a la sazón responsables de ese imperdible congreso de novela y cine negro que cada año se organiza en Salamanca- y editada por Alrevés, ahí es nada.

Diez relatos para todos los gustos en los que, entre otras cosas, pasaremos por una localidad veraniega del Garraf gentileza del narcoléptico Ledesma, visitaremos Canarias en silla de ruedas, conoceremos cómo se las gastan los desdentados del Módulo 7 de Cerdán, odiaremos a las arañas y a quienes las crían o llegaremos a la conclusión -al menos yo lo he hecho- de que jamás en la vida aceptaremos ser miembros de un jurado literario, al menos si uno de los aspirantes al premio es Toni Hill.

Y ya sin más, os dejo con esa canción en cuya versión inglesa los niggers pasaron a ser indians y, finalmente, más políticamente correctos soldiers. En España, negritos, como lo eran originalmente.

Diez negritos se fueron a cenar;
uno se asfixió y quedaron nueve.

Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde;
uno se quedó dormido y entonces quedaron ocho.

Ocho negritos viajaron por Devon;
uno dijo que se quedaría allí y quedaron siete.

Siete negritos cortaron leña;
uno se cortó en dos y quedaron seis.

Seis negritos jugaron con una colmena;
una abeja picó a uno de ellos y quedaron cinco.

Cinco negritos estudiaron Derecho;
uno se hizo magistrado y quedaron cuatro.

Cuatro negritos fueron al mar;
un arenque rojo se tragó a uno y quedaron tres.

Tres negritos pasearon por el zoo;
un gran oso atacó a uno y quedaron dos.

Dos negritos se sentaron al sol;
uno de ellos se tostó y sólo quedó uno.

Un negrito quedó sólo;
se ahorcó y no quedó… ¡ninguno!

Diez negritos. Nuevas voces del género negro español

Varios Autores

Alrevés

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Novedad editorial: “Diez negritos”, de Varios Autores


portada-10-negritosEl éxito alcanzado por la novela negra en los últimos años ha llevado a muchos autores a acercarse a ella de forma absolutamente superficial, sin reparar en que su esencia no puede quedarse en simple manierismo expresivo ni en tópicas miradas críticas sobre la realidad. Mantener el equilibrio entre el compromiso personal y la capacidad formal implica respetar al género, no considerar que es una moda pasajera a la que poder agarrarse. Y Víctor del Árbol, Claudio Cerdán, Berna González Harbour, Susana Hernández, Toni Hill, Jordi Ledesma, Jorge Navarro, Alexis Ravelo, Aro Sáinz de la Maza y Carlos Zanón, los diez autores de esta antología, lo hacen. Por eso, en unos tiempos en los que todo se tiñe de negro y en los que se devalúa la etiqueta «novela negra», leer una antología como Diez negritos resulta tan necesario como imprescindible.

Diez negritos. Nuevas voces del género negro español

Varios Autores

Alrevés

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Novedad editorial: “¿Quién con fuego?”, de Carlos Ollo Razquin


fuegoLa aparición del cadáver de un anciano solitario en un pueblo apartado de la geografía navarra, da paso a una trama policial a caballo entre dos mundos distantes seis decenios. Un caso que recae en el inspector Villatuerta tras reincorporarse al servicio después de una larga baja laboral. Le acompañan en la investigación su hija, la agente Nerea, y el subinspector Javier Erro. Los tres se enfrentarán a un asesino cuya motivación se hunde en la época de la posguerra.

Durante años huyó de la venganza, la aplacó con el trabajo extenuante de sol a sol. Pero la llamada de la sangre acabó por alcanzarlo.

Del presente en Pamplona y el Valle de Ollo al pasado en las montañas de Navarra y Estados Unidos, adonde emigraron infinidad de pastores vascos buscando un futuro mejor.

Un asesinato y demasiadas incógnitas. ¿Quién prendió el fuego de la venganza?

¿Quien con fuego?

Carlos Ollo razquin

Erein

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