Un cartel de «Double Indemnity» en negro y virginal


double indemnity cartel

Tal vez Double Indemnity (en España, Perdición) sea mi película de cine negro favorita. La habré visto decenas de veces, la he citado en más de una ocasión en este blog (ya sea escribiendo de mujeres fatales en general o sobre Barbara Stanwyck en particular), creía conocer casi todos los carteles promocionales existentes. Salvo este, sin duda, uno de los más originales.

Phyllis Dietrichson, por supuesto, tenía que aparecer de un blanco virginal.

Pues menuda es ella.

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Profesiones de alto riesgo


Según dónde busques encontrarás distintos listados con las profesiones que implican un mayor riesgo. Según las fuentes que consultes y los países a los que hagan referencia, el top ten será diferente -es más peligroso ser periodista en México, por ejemplo, que en otros lugares- pero siempre suele incluir entre ellas las de bombero, minero, pescador en mar abierto, limpiacristales en rascacielos (?), aquellas que tiene que ver con vehículos a motor como repartidores o transportistas, buzos…

En ninguna de las webs en las que he mirado he visto que destaquen la de agente de seguros como una de ellas, con la de portazos que puede llevarse en las narices cualquiera de sus sufridos profesionales o las curiosas y arriesgadas propuestas que pueden recibir llegado el caso.

¿Será que ninguno de los responsables de elaborar esos rankings ha visto, por ejemplo, una película como esta?

double indemnity

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Taxistas, ingenuos y Kitty Collins


ava gardner the killers

Llevo un buen rato mirando la foto y tratando de adivinar qué vería esta mujer en un taxista rancio como el Fary ¿? Vamos, que no sé si creérmelo, la verdad.

Por cierto, la imagen corresponde a la promoción de la película The KillersForajidos, si lo prefieres-, dirigida por Robert Siodmak y con Ava Gardner en el papel de Kitty Collins camelando al Lancaster de turno para llevarse crudo el botín de un atraco planeado por su novio gángster (el novio de la Gardner, no del Lancaster).

Y es que siempre ha habido ingenuos: el Fary, Lancaster, un servidor…

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Femenina y criminal: Gloria Grahame


Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

No pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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Gloria Grahame

Biografía

Gloria Hallward nació en Los Angeles (California, Estados Unidos) el 28 de noviembre de 1923.

Sus primeros pasos en el mundo de la interpretación los dio en el teatro, siendo posteriormente contratada por la Metro Goldwyn Mayer, momento en el que adoptó el apellido artístico de su padre, Grahame.

Fue nominada al Oscar como mejor actriz secundaria por la película Encrucijada de odios (1947). Trabajó posteriormente con Nicholas Ray -quien fuera su segundo marido de los cuatro que tuvo- y Cecil B. DeMille, consiguiendo una nueva nominación a la mejor acriz de reparto por Cautivos del mal (1952), de Vincente Minelli. También de los 50 son dos de sus mejores interpretaciones, ambas con uno de los mejores -si no el mejor- directores de la historia del cine negro, Fritz Lang: Los sobornados (1953) y Deseos humanos (1954).

Una operación quirúrgica en el labio a mediados de la misma década perjudicó la dicción de la actriz y, paralelamente, su carrera cinematográfica, volviendo al teatro y con esporádicas intervenciones para la gran pantalla, como el western Noche de violencia.

En los 70 y 80 vuelve al cine y comienza su carrera televisiva (por ejemplo, Hombre rico, hombre pobre) sin por ello abandonar el teatro.

Gloria Grahame falleció en Nueva York el 5 de octubre de 1981tras ser diagnosticada meses antes de cáncer de estómago.

En mi retina

Dos películas he citado más arriba, las dos geniales, las dos dirigidas por Fritz Lang, las dos con Glenn Ford como protagonista y con la Grahame adueñándose de todos los focos: Los sobornados y Deseos humanos.

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Imposible olvidar esa jarra de café que el psicópata de Vincen Stone -sicario del gángster Lagana- arrojará a la cara de Debby Marsh -Gloria Grahame, claro- en Los sobornados, uno de los mejores retratos de las difíciles y violentas relaciones entre polis y ladrones, entre medio malos y malos integrales que ha dado la historia del cine.

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Imposible olvidar el tren de la secuencia final de Deseos humanos, fantástica adaptación de la obra homónima de Zola en la que siendo Glenn Ford protagonista, quien capta la atención permanente del espectador es el matrimonio formado por Carl -temeroso maquinista- y Vicky -aparentemente fría, insensible, distante- y la relación entre ambos, con Jeff -Glenn Ford- como tercer vértice del inevitable triángulo amorodioso.

Pasiones, odios, sexo, crímenes… ¿Quién da más?

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Flacas y flacas


huesos

Hay flacas, a las que uno no dudaría en cantar aquello de El último de la fila de:

Porque eres huesos, Huesos.
Tú eres sólo huesos, unidos por muy poca piel.
Huesos, huesos. Delgada como el viento, suave como un alfiler

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Y luego está la FLACA, con mayúsculas, a la que uno, echándole algo de valor, tan solo se atrevería a silbar esperando a cambio, tal vez, unos ojos prometedores, una mirada cortante o una frase sugerente.

Sólo tienes que juntar los labios y soplar.

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Femenina y criminal: Cyd Charisse


Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

No pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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Cyd Charisse

Biografía

Tula Ellice Finklea nació en Amarillo (Texas, Estados Unidos) el 8 de marzo de 1922.

Muy pronto demuestra buenas aptitudes para el baile, así que recibe clases de ballet llegando a formar parte del Ballet Ruso de Sdergei Diaghilev bajo los seudónimos de Felia Sidorova y Maria Istomina. Cuando posteriormente empezó a trabajar en el cine eligió como nombre Cyd -su hermano solía llamarla Syd, del inglés sister-, que completó con el apellido por el la conocemos al casarse en 1939 con su profesor de baile Nico Charisse. Su segundo matrimonio fue con el actor y cantante Tony Martin, en 1948, con quien vivió hasta su muerte en 2008.

Pareja de baile de Fred Astaire o Gene Kelly y habitual de los grandes musicales de Hollywood, a Cyd Charisse se la recordará siempre por su participación en Cantando bajo la lluvia, Melodía de Broadway, Brigadoon o La bella de Moscú.

Pasada la época dorada de esos musicales, sus apariciones en el cine fueron haciéndose más escasas, acompañando en ocasiones en el reparto a Marilyn Monroe y Dean Martin.

En 2001 entró a formar parte del Libro Guinness de los Récords en la categoría de «Piernas más valiosas», dado que en 1952 firmó un seguro por valor de 5 millones de dólares para protegerlas, superando así el récord de su antecesora, Betty Grable.

Cyd Charisse falleció en Los Angeles (California, Estados Unidos) el 17 de junio de 2008.

En mi retina

Nunca me ha gustado el género musical, jamás he entendido que la gente se ponga a bailar y cantar en plena calle a las primeras de cambio, pero Cyd Charisse tenía que estar en esta sección tan femenina y criminal.

Y tenía que estar por su interpretación de la corista -cómo no- Vicky Gaye en uno de los clubes que regenta el gángster Rico Angelo en la película Chicago, años 30Party Girl– dirigida por Nicholas Ray en 1958.

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En la foto, junto a Fred Astaire

Para completar el inevitable triángulo amoroso, Thomas Farrel -excelentemente interpretado por Robert Taylor- como abogado de Rico y, evidentemente, enamorado de Vicky.

Película basada, por cierto -aunque su nombre no aparezca en los créditos por ninguna parte- en la novela Chicago, años 30 -tanto en su título original como en la traducción española- de Marvin H. Albert y también de 1958. Siendo del mismo año y teniendo en cuenta que solo se hace referencia en la película al guion de George Wells, siempre me quedará la duda de qué fue antes, la gallina o el huevo.

Apuesto por la novela, claro, aunque -por una vez- me gustó mucho más la película.

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Femenina y criminal: Lana Turner


Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

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Lana Turner

Biografía

Julia Jean Mildred Frances Turner nació en Wallace (Idaho, Estados Unidos) el 8 de febrero de 1921, aunque muy pronto se trasladó con su familia a California.

Mala estudiante, su belleza le allanó el camino hasta la gran pantalla, debutando con una breve intervención en la película Ha nacido una estrella (William A. Wellman, 1937). De la misma década de los 30 son sus papeles en Andrés Harvey se enamora (George B. Seitz, 1938) o en la comedia La pareja invisible (Norman Z. MacLeod, 1937) junto a Cary Grant y Constance Bennett, aunque el estrellato le llegó ya en los años 40 con su participación en títulos como El extraño caso del Dr. Jekyll (Victor Fleming, 1941), Quiero a este hombre (Jack Conway, 1941) y, por supuesto y por la parte que nos toca en este blog, Senda prohibida (Mervyn LeRoy, 1942) y El cartero siempre llama dos veces (Tay Garnett, 1946), basada esta última en la novela homónima de James M. Cain.

La popularidad alcanzada en los 40 se confirmó en la siguiente década, protagonizando títulos imprescindibles como Cautivos del mal (Vincente Minnelli, 1952), Vidas borrascosas (Mark Robson, 1957) o Imitación a la vida (Douglas Sirk, 1959).

Su vida privada podría dar para otra película, con siete matrimonios a sus espaldas, problemas constantes con el alcohol y el asesinato en 1958 de su amante Johnny Stompanato por parte de su hija, Cheryl Crane, presuntamente en defensa propia por los continuos malos tratos a que sometía a madre e hija, con un juicio posterior en el que se desvelaron cartas y testimonios que pusieron de manifiesto las aficiones sadomasoquistas de Lana, con el consiguiente escándalo y comienzo de su declive profesional.

Se retiró definitivamente a finales de los 80, participando en algunos capítulos de la serie Falcon Crest.

Lana Turner murió de cáncer el 29 de junio de 1995.

En mi retina

Cora Smith fue a Frank Chambers lo que dos años antes -en el cine, no en la novela original- fue Phyllis Dietrichson a Walter Neff: una auténtica maldición con faldas, piernas -bonitas piernas- y tacones. Dos mujeres creadas por James M. Cain que responden a un patrón similar, construidas para el mismo fin: embaucar al pardillo y a la vez ambicioso de turno valiéndose de sus encantos femeninos y conseguir con su ayuda eliminar al elemento molesto de la historia, el marido, por supuesto, en ambos casos.

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John Garfield, Hume Cronyn y Lana Turner en «El cartero siempre llama dos veces»

Dos mujeres, por cierto, que tienen cierta querencia por ocultar sus negras intenciones vistiéndose siempre que pueden de un blanco inmaculado, virginal.

Pero al menos Cora Smith, de virgen tiene más bien poco: antigua prostituta, belleza deslumbrante, sexual en cada uno de sus gestos y casada con el sesentón propietario de una gasolinera en medio de la nada, esa nada a la que llega, como agua de mayo, el autoestopista solitario y desarraigado que tan bien encajará en los planes de la mujer.

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Dos presentaciones de personajes cinematográficos guarda mi retina desde que tengo uso de razón: la cara enmarcada en negro del Harry Lime en la Viena de posguerra y el rostro perfecto de Cora Smith enmarcada en la puerta de su casa, pantaloncitos blancos que permiten disfrutar de sus interminables piernas, las manos ocupadas en sujetar la polvera del maquillaje.

Personalmente, me quedo con Lana: Orson siempre me pareció un poco gordito para mi gusto.

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Femenina y criminal: Barbara Stanwyck


Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

Por supuesto, no pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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Barbara Stanwyck
Barbara Stanwyck

Biografía

Ruby Catherine Stevens, también conocida como Barbara Stanwyck -y apodada en ocasiones como Missy, The Queen o Babs- nació en Brooklyn, Nueva York, el 16 de julio de 1907.

Comenzó trabajando de telefonista y corista de espectáculos de vodevil, siendo su primera película Broadway Nights (1927). Después fueron llegando varias colaboraciones bajo las direcciones de Frank Capra o John Ford hasta conseguir su primer gran papel en 1937 en la película Stella Dallas, de King Vidor, con la que logró la primera de sus cuatro nominaciones a los premios Oscar -si bien el único que ganó fue el honorífico de 1982.

La segunda nominación la obtuvo por su participación en 1941 en Ball of FireBola de fuego– a las órdenes de Howard Hawks.

Pero el mayor éxito de su carrera le llegó en 1944 al protagonizar Double IndemnityPerdición en España- junto a Fred McMurray y Edward G. Robinson con la dirección de Billy Wilder y guion de Raymond Chandler a partir de una novela de James M. Cain. Sin duda alguna, una de las obras maestras del cine negro de todos los tiempos. Por cierto, tercera nominación a los Oscar, en esta ocasión ganado por Ingrid Bergman.

Y en 1946, otro de sus grandes papeles, el de Martha Ivers en The Strange Love of Martha IversEl extraño amor de Martha Ivers– dirigida en esta ocasión por Lewis Milestone.

Tras participar posteriormente en Sorry, wrong number -cuarta nominación, cuarta derrota; esta vez el Oscar fue para Jane Wyman, la sumamente perversa Angela Channing de Falcon Crest y primera esposa de Reagan- hizo algunos papeles poco convencionales para dedicarse posteriormente a la televisión a lo largo de los años cincuenta y sesenta.

Barbara Stanwyck falleció el 20 de enero de 1990 en Santa Mónica, California.

En mi retina

Vale que quizás no fuera la más guapa del universo hollywoodiense -al menos no se trataba de una belleza heterodoxa, tal vez fuera la nariz, esa nariz- aunque fotógrafos hubo que supieron captar lo mejor de sus rasgos. Sin embargo, desde que la vi por primera vez envuelta en una toalla blanca y junto a la barandilla de la primera planta de la casa familiar de los Dietrichson en Glendale, comprendí que no solo el agente de seguros Walter Neff iba a quedar prendado de los encantos de una de las malas malísimas del cine negro. De hecho, en mi modesta opinión, Phyllis Dietrichson debería ser la primera acepción de la expresión femme fatale en cualquier buen diccionario.

La clásica escena de toalla blanca y escalera
La clásica escena de toalla blanca y escalera

También podría serlo, desde luego, del término “frialdad” a la vista de la sutileza con que Phillys llega a convencer a Walter, su peón en el plan de eliminar al marido, de que todo ha salido de la cabeza del agente de seguros. Como dice en una de las contundentes frases del guion, “Tú planeaste su asesinato, yo tan sólo deseaba verle muerto”.

Escenas como la inolvidable del supermercado hicieron que terminase de enamorarme de la Stanwyck, una escena versátil como pocas, lo mismo serviría para una película de cine negro como para la típica comedia americana -cámbiense las caras de Barbara Stanwyck y Fred McMurray por las de Doris Day y Cary Grant y listo.

¿Desea algo, señorita?
¿Desea algo, señorita?

En su otro gran papel, el de Martha Ivers, consiguió amedrentarme -por no utilizar un sinónimo testicular- al comprender que “la manipuladora nace, no se hace”. Y que quien nace con la capacidad suficiente para manejar a su antojo a quienes le rodean -varones, en el cine negro clásico- así continúa hasta la tumba, controlando con mano férrea todo lo que se mueva a su alrededor, ya sean negocios locales en los que intervenir con modos ciertamente caciquiles o situaciones iniciadas en la más tierna infancia y perpetuadas por siempre jamás por mucha tierra de por medio que pretenda poner alguno de los implicados.

La ambiciosa Martha y el manipulable Walter, la consagrada Stanwyck y el debutante Douglas
La ambiciosa Martha y el manipulable Walter, la consagrada Stanwyck y el debutante Douglas

Así que seré sincero: la Stanwyck, un encanto; las Dietrichson o Ivers, cuanto más lejos mejor. Que uno aprecia demasiado lo de llevar una vida moderadamente familiar, tranquila y feliz.

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Femenina y criminal: Marie Windsor


Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

No pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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Marie Windsor
Marie Windsor

Biografía

Emily Marie Bertelson -Marie Windsor- nació en Marysvale (Utah, Estados Unidos) el 11 de diciembre de 1919.

Miss Utah, estudiante de teatro, telefonista, actriz teatral y radiofónica y extra de cine, obtuvo su primer papel destacado junto a John Garfield en Force of EvilLa fuerza del destino-, película dirigida en 1948 por Abraham Polonsky. Después vendrían películas como The SnipperEl francotirador– de Edward Dmytryck en 1952, The Narrow MarginTestigo accidental– de Richard Fleischer también en 1952, City That Neves SleepsLa ciudad que nunca duerme– de John H. Auer en 1953 o The KillingAtraco perfecto– a las órdenes de Stanley Kubrick en 1956.

En televisión participó en episodios de las series Maverick, El increible Hulk o General Hospital para dedicarse, una vez retirada, a la pintura y la escultura.

Falleció el 10 de diciembre de 2000 en Beverly Hills, California.

En mi retina

Marie Windsor, apodada «la Reina de las Bes»  por sus numerosas apariciones en películas de cine negro de esa serie (algunas de ellas obras maestras del género), lo mismo te la podías encontrar a bordo de un vagón en un thriller ferroviario en el que la vida de quienes debían protegerla no valía nada (fotograma superior) como implicada en un atraco perfecto salido de la mente de Lionel White y adaptado a la pantalla por un genio como mi admirado Jim Thompson en una de mis películas favoritas (fotograma inferior).

Una femme fatale con todas las de la ley.

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La desafiante Marie Windsor, cigarrillo en mano, en «The Narrow Margin»
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Fotograma de «The Killing», de Stanley Kubrik

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Femenina y criminal: Jean Simmons


Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

No pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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Jean Simmons

Biografía

Jean Merilyn Simmons nació en el barrio londinense de Crouch Hill el 31 de enero de 1929.

Debutó a los 15 años en la película Give us the moon (1944), de Val Guest y Caryl Brahms, aunque alcanzó cierto reconocimiento en su país a raíz de su participación dos años más tarde en la película de David Lean Great Expectations –Cadenas rotas-. A partir de ahí, Caesar and Cleopatra –César y Cleopatra-, Black Narcissus –Narciso negro– y, sobre todo, el papel de Ofelia en el Hamlet de Lawrence Olivier, personaje que le supuso la nominación al Oscar a la mejor actriz de reparto de 1948 que, finalmente, ganó Claire Trevor por su interpretación en Cayo Largo.

A partir de esa nominación y -tal vez- de su matrimonio con Stewart Granger, Jean Simmons se convierte en habitual de las superproducciones de Hollywood, títulos como La túnica sagrada 1953), Sinuhé el egipcio (1954) o Espartaco (1960) Los aficionados al género negro deberán añadir a este listado la película Angel Face –Cara de ángel– de Otto Preminger en 1953, con Robert Mitchum como protagonista masculino.

Casada en 1960 con Richard Brooks, este la dirigió en una de sus mejores películas: Elmer Gantry –El fuego y la palabra-. Ya en 1969 la volvería a dirigir en The Happy Ending –Con los ojos cerrados-, que le supuso la candidatura al Oscar a la mejor actriz principal.

A partir de los setenta se aparta del cine y se centra en la televisión, participando en series como Norte y Sur o El pájaro espino, con la que consiguió un Emmy.

Jean Simmons murió de cáncer de pulmón el 22 de enero de 2010 en Santa Mónica, California.

En mi retina

Dicen que, durante el rodaje, Robert Mitchum fue obligado por el director a abofetear una y otra vez a Jean Simmons, cada vez más fuerte que la anterior porque quería más realismo en la escena. Hasta que, Mitchum, temiendo lastimar a la actriz, le calzó a Preminger una guantada monumental al tiempo que le preguntaba si así era bastante realista o todavía tenía que esforzarse más.

¿Pero cómo vas a negarle nada, Frank, con esa carita de ángel?
¿Pero cómo vas a negarle nada, Frank, con esa carita de ángel?

Aplaudo la actitud del actor, es lo menos que podía hacer ante la imperdonable blasfemia que suponía tener que maltratar un rostro como el de la Simmons.

Sin duda alguna, una de las mejores interpretaciones de una actriz que no destacó por su participación en películas de género negro pero que, solo por Cara de ángel, solo por la expresión de su rostro en la inolvidable e inesperada escena final, ya tiene un lugar destacado en mi Olimpo dedicado a la femme fatale. La más inocente de todas, la más adorable y, al mismo tiempo, la más desquiciada de todas ellas, hasta el punto de que uno no sabe si lo que la mueve a actuar como lo hace es una manifiesta maldad o una paranoia sin límites que la convierte, además de en verdugo, en víctima.

Una copa antes de morir
Una copa antes de morir

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