Dopping, neoprenos y cintas de vídeo: “Cuestión de galones”, de Ricardo Bosque


galonesManu López Marañón

Cuatro años antes de que Philip Kerr anunciara el cese temporal de su serie Berlín noir y escribiera una obra titulada Mercado de invierno (protagonizada por un detective-entrenador de fútbol), cuatro años antes, digo, Ricardo Bosque ya había ambientado una novela en el mundo del deporte profesional. Vale, vale; ya sé que en esta temática Manuel Vázquez Montalbán se adelantó, en 1989, y tanto a Kerr como al autor que ahora reseño, con su excepcional El delantero centro fue asesinado al atardecer. Pero es que Manolo siempre queda fuera de concurso.

No es el fútbol y sus circunstancias el telón de fondo en el que se desarrolla Cuestión de galones sino un deporte como el waterpolo que, para el año 2041, ha pasado de ser minoritario a convertirse en espectáculo de masas. Sí, han leído bien: 2041. Y la narración se desarrolla en una Zaragoza artificialmente canalizada. Vaya, una distopía…, dirán algunos, bien regocijándose, bien llevándose las manos a la cabeza.

Han pasado 33 años desde aquella Expo zaragozana que tuvo al «Agua y el desarrollo sostenible» como eje temático y cuya infraestructura requirió que los cursos fluviales de la ciudad (el Ebro, el Gállego, el Huerva y el Canal Imperial de Aragón) fueran atravesados por 18 nuevos puentes y pasarelas. Partiendo de ello, el autor ambienta su trama en una Zaragoza ya total e impensablemente acuática, por la que hay que circular en motos y vehículos náuticos y, por descontado, ataviados con trajes de neopreno.

Por estar lejos de encontrarnos en una sociedad donde no reina la pobreza masiva, donde el Estado ni es policial ni se encarga de abolir la privacidad y las libertades (eso queda en manos –como hoy mismo– de los poderosos), y en una sociedad en la que la tecnología aún no esclaviza a la ciudadanía, por todo ello, apuntamos que la narración de Bosque se aleja del perímetro distópico para englobarse en los límites de una obra de inspiración futurista.

En esa Zaragoza del mañana la policía se llama Policía Fluvial Metropolitana. Con el equipo de fútbol desaparecido por sucesivas pérdidas de categoría y las deudas, su estadio, La Romareda, se ha convertido en un enorme centro náutico donde entrenan (y juegan) el equipo de waterpolo y las chicas de la natación sincronizada. La prensa, toda digitalizada, tiene en el Zaragoza News su diario principal. Sigue habiendo centros comerciales que albergan gimnasios como el Gymworld Body Center, pero también zonas en las que la emigración multirracial es masiva, aunque bien es cierto que alejada de radicalismos violentos.

El protagonista de Cuestión de galones, Ulises Sopena, desencantado capitán de la PFV, es un treintañero que habita un palafito de Los Lagos del Milenio. Su perro Nono y una vecina que le presta películas son sus únicas oportunidades allí para abrir la boca. Ante el crimen que se le plantea Sopena se comporta como un efectivo policía aunque, quizá, resulte un poco agonías. Sexualmente necesitado, resulta un varón fácilmente seducible; a cambio, su intrepidez lo ayuda a ganarse a quien quiere (su jefe –el coronel Cansado–, periodistas al acecho como Ariel Reig, y representantes deportivos turbios como Marcelo Pons serán títeres en manos de su elocuencia). El caso lo solucionará gracias a su mente ágil y versada. Ulises no cocina, no fuma, no visita burdeles, y, aunque le guste el whisky, lo bebe con moderación (la misma que le falta con la cerveza cuando va de bares). En la investigación está acompañado por la eficiente –y atractiva– teniente Sara Fitzpatrick, mujer a la que trabajosamente se obstina en tratar dentro de unos límites profesionales.

Desvelemos un poco la trama de la cuarta novela de Ricardo Bosque.

El portero del equipo de waterpolo Zarawater, Quino Lerín, ha aparecido muerto en un canal. La autopsia descubre en su cuerpo abundantes restos de un esteroide anabolizante (ilegal en el deporte profesional) que favorece el desarrollo muscular.

En los interrogatorios con la plantilla el capitán Ulises Sopena y la teniente Sara Fitzpatrick tienen que oír cómo allí nadie consume anabolizantes y que Lerín era –por supuesto– un excelente compañero. El médico del club, Linares, jura no tener nada que ver con el consumo de Teradrolona.

Dopping, vídeos porno caseros, estrellas de la sincronizada sobradamente cumplimentadas en el aspecto sexual, gimnasios, casinos abandonados, derechos de imagen, prensa amordazada y gigantes del ladrillo para desembocar en un tramo final eléctrico –insuperable en ritmo– con el sucesivo descubrimiento de sobornos y amaños, con la aparición de un poderoso ludópata y, como guinda, con esa inolvidable persecución a lo «French Connection» (aunque en esta ocasión entre canales y con motos náuticas) y en la que Ulises acorrala a un sicario, –cuyo interrogatorio aclara el caso–, consiguen dejar un imborrable poso y confirmar, para quien esto escribe, que Ricardo Bosque es uno de los grandes del género negro.

Ulises Sopena, a punto de zarpar


Bueno, si nadie lo remedia, pronto, muy pronto, Cuestión de galones estará a disposición de todo el mundo mundial a través de puntos de venta como Amazon, Smashword, Grammata, Ibookstore de Apple, Casa del Libro, Corte Inglés, Barnes and Noble… Vaya, que Ulises zarpa por fin y navegará por los mares internáuticos con la finalidad lógica para un libro que es llegar a los lectores, los destinatarios para los que fue escrito.

Se pone fin así a una parte de la aventura literaria, la que supone unos cuantos meses de trabajo delante del ordenador y con una libreta siempre a mano en la que anotar las “genialidades” que a uno se le ocurren en el momento más insospechado. Y las sucesivas revisiones. Y las correcciones de lo que uno da ya por corregido mil veces y en las que siempre aparece una errata nueva o algo que no encaja como debiera.

Y arranca la aventura definitiva, esa que se inicia cuando el libro cae en las manos de los lectores y el autor espera, impaciente, el veredicto del respetable. Antes, por supuesto, un puñado de amigos -y además lectores y escritores en algunos casos- han tenido acceso a la versión original de la novela y su sentencia favorable y sus recomendaciones han terminado de hacer posible la novela definitiva. Ese puñado de amigos figuran en la novela que pronto podrás leer, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de darles las gracias desde aquí mismo. Gracias, Javier Abasolo, Mercedes Castro, José Andrés “Cruce de cables” Espelt, Jokin Ibáñez, Francisco José Jurado, Herminia Luque Ortiz y Jesús Lens por prestaros voluntariamente como conejillos de Indias con los que experimentar el resultado que podría provocar la novela en los lectores.

Pronto, supongo, llegarán las primeras críticas sobre la novela. Por si acaso son negativas, quiero cerrar esta entrada con las líneas que una de las primeras lectoras, Herminia Luque Ortiz, escribió hace ya año y medio en su blog Novela negra con lunares.

Y que Dios reparta suerte.

Este Ulises no surca las aguas del Mediterráneo oriental ni las tascas de Dublín. Comparte, eso sí, el descaro y la girovagia con sus homónimos literarios; pero Ulises Sopena, la criatura del estupendo escritor Ricardo Bosque, vive en una Zaragoza aveneciada del 2041 d.C.; la urbe pos-era-Belloch que ha visto inundadas sus calles y avenidas por esa cosa d elos alcaldes de quitar paro. Así, nuestro curtido héroe vive en “Los Lagos del Milenio”… en un palafito.

En el idilio mañanero de un domingo desayuna café con churros y lee la prensa en su e-book en la terraza de su vivienda. Y desde allí contempla el vuelo acre de las gaviotas. Como siempre, un muerto interrumpe lo verdaderamente importante (el ocio que siempre llega tarde, como reconoce nuestro personaje). Y una atrabiliaria compañera de trabajo (la subteniente Sara Fitzpatrick de la Policia Fluvial Metropolitana) llega en su moto acuática, enfundada en su mono de neopreno, para avisar al pobre incauto que siempre deja desconectado su teléfono móvil. El muerto es un personaje de cierta relevancia dentro de la fauna local. El jolgorio -se da por supuesto- no ha hecho más que empezar.

La novela fluye (nunca mejor dicho) con una facilidad pasmosa, trufado el discurso narrativo con los golpes de humor que caracterizan el estilo de nuestro “guapo zaragozano”. Una delicia de novela. Entretenimiento y buen quehacer literario en estado puro.

Herminia Luque Ortiz, Novela negra con lunares

Unas flores para la Feria Internacional del Libro de La Habana


Extraigo de su contexto el fragmento que sigue por dos razones: porque hace referencia al género que tanto me gusta y porque al leerlo he alcanzado una especie de éxtasis místico y un compañero de curro me ha llamado la atención ya que dice que le da la sensación de que he comenzado a levitar sin motivo aparente.

“Editorial Arte y Literatura ha aprovechado bien la ocasión de la Feria Internacional del Libro de La Habana para agrandar el catálogo de autores universales, en el terreno de la narrativa, que ofertará a los lectores. A través del sello Orbis aparecen la mayoría de esos libros…

Destacado escritor policial del momento es Ricardo Bosque (Zaragoza, 1964), editor en La Balacera y colaborador de la revista Gangsterera. Su novela Manda flores a mi entierro es una de las novedades que aporta la Colección Dragón. La otra del sello de Arte y Literatura especializado en entregas policíacas es Pájaro en mano, del malagueño Juan Madrid.”

No obstante, podéis leer la noticia completa en esta web.

Desgraciadamente, no podré asistir. Los mojitos para celebrarlo los tomaré en el salón de mi casa.

Santería


Como dije hace unos días, una buena amiga se dio de bruces en una librería de La Habana con la edición cubana de mi novela Manda flores a mi entierro.

Recién regresada a México, país en el que reside desde hace unos años, me mandó un correo con la noticia. Hoy me manda una foto de la portada que, por supuesto, quiero compartir con quienes frecuentan este blog.

¿A que tiene cierto aire de santería, con esas velas floridas? Y para quienes han leído la novela, ¿no os parece que han captado bastante bien el espíritu de la misma?

Manda flores a La Habana


Bueno, bueno, bueno, lo que son las cosas.

Pues resulta que, gracias a la escritora cubana residente en México Yamilet García Zamora (excelente su novela Del otro lado, mi vida), me acabo de enterar de que mi novela Manda flores a mi entierro ha visto la luz en el Caribe, Caribe.

Evidentemente, algo sabía del tema pues las conversaciones con la editorial Arte y Literatura para llevar el libro a Cuba comenzaron hace ya algo más de un año. De lo que no tenía ni idea es de que ya estaba a disposición de los lectores y que, de hecho, se presentó en La Habana el 19 de octubre, nada más y nada menos que junto a Pájaro en mano, de Juan Madrid, como queda demostrado con el texto que adjunto:

Nuevos libros en Jornada de la Cultura Cubana, en el Pabellón Cuba

La Asociación Hermanos Saíz, junto al Ministerio de Cultura y sus instituciones, han organizado un amplio programa en homenaje a la Jornada de la Cultura Cubana a desarrollarse en el Pabellón Cuba, entre el 16 y el 24 de octubre, desde las tres de la tarde hasta las diez de la noche.

El Instituto Cubano del Libro presentará, siempre a las cuatro y treinta de la tarde, los siguientes títulos: el día 17, Cantos de Revolución, de Nicolás Guillén (Editorial Letras Cubanas); el día 18, El cochero azul, de Dora Alonso (Editorial Pueblo y Educación); el día 19, Pájaro en mano, de Juan Madrid y Manda flores a mi entierro, de Ricardo Bosque (Editorial Arte y Literatura); el día 20, Paradiso, de José Lezama Lima (Editorial Letras Cubanas); el día 22, Tony guiteras. Un hombre guapo, de Paco Ignacio Taibo II (Editorial de Ciencias Sociales), y el día 23, Lo esencial en la ortografía, de Francisco Alvero Francés (Editorial Pueblo y Educación).

Espero que, más pronto que tarde, de La Habana llegue a España un barco cargado con unos pocos ejemplares de esta edición que tanta ilusión me hace. Y prometo exponer públicamente la portada en cuanto disponga de ella.

El retorno de la librera negrocriminal


Por fin, tras dos meses fuera de los escenarios por causas muy ajenas a su voluntad, regresa Montse Clavé del limbo en que se encontraba y retoma las teclas de su ordenador negrocriminal para ponernos al corriente de todo lo que se cuece en la Barceloneta (incluidos los mejillones que volverán a degustarse mañana; se acabó la tiranía del mejillón de lata cocinado por Paco).

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Y comienza a hacerlo con un repaso a lo sucedido durante su ausencia. Por supuesto, me hace especial ilusión ver las fotos tomadas en la presentación de Suicidio a crédito de la mano del argeñol Carlos Salem y su novela Pero sigo siendo el rey. Por cierto, que una de las sorpresas de aquella jornada fue la presencia inesperada de la pareja formada por Isabel Allende y William C. Gordon.

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¿Qué leches estaría yo contando para despertar la atención de la chilena, el californiano y el valenciano? Alguna mentira, seguro.

El reportaje íntegro del evento, en el blog de Negra y Criminal.