«Cuestión de galones», sin anticopias, en Smashwords


Una de las quejas frecuentes relativas a los ebooks es la de su complejidad a la hora de descargarlos de las tiendas debido al molesto dispositivo anticopia de Adobe que suelen incorporar los libros en formato epub, uno de los más extendidos y reconocidos por casi todos los lectores: el temido y odiado DRM.

Pues bien, hoy he tenido noticia de que las novelas editadas por Literaturas com Libros se pueden adquirir, entre otros puntos de venta, desde Smashwords, sin anticopia y en un proceso de descarga absolutamente limpio.

Como yo soy como santo Tomás, he decidido probarlo en mis propias carnes. La página en cuestión está en inglés y los precios en dólares (aunque la conversión a la moneda local es automática), pero a estas alturas de la película todo el mundo sabe darse de alta en cualquier sitio con un email y una contraseña y a nadie le asustan términos como email adress, password, add to cart (añadir al carrito) o similares.

Una vez registrado, no tienes más que elegir el libro que quieres comprar e introducir el modo de pago (tarjeta o Paypal). Y ya está, ya puedes descargar el libro a tu ordenador en cualquier formato conocido (epub, mobi…), directamente y sin anticopias. De ahí, a tu lector. O, si lo prefieres, a leerlo en el propio ordenador con un programa gratuito tipo Calibre.

Lo siento, ya no hay excusa posible, ni por precio (4.99 dólares, 4 euritos al cambio) ni por dificultad de descarga. Tan solo clica aquí y sigue las intrucciones de registro.

Que lo disfrutes.

Cómo leer «Cuestión de galones» si no tienes un ereader a mano


Supongamos que estás loco/a por leer mi última novela y piensas que, al tratarse de un ebook y no disponer de un lector de libros electrónicos, no vas a poder hacerlo.

Craso error, porque los libros electrónicos también pueden leerse en el ordenador, y muy cómodamente, instalando la herramienta de lectura apropiada. Os voy a contar, de un modo totalmente desinteresado, cómo hacerlo del modo más sencillo que he encontrado, a través de la tienda Amazon (además, te ahorrarás unos centimillos, ya que tiene el libro tiene aquí un pequeño descuento y solo cuesta 3.89 euros de nada).

Vale, comprobado tu deseo de leer Cuestión de galones sin disponer de un ereader, la opción más sencilla es, como digo, Amazon. No tienes más que acceder a su página de inicio y darte de alta como usuario (email y contraseña). A partir de aquí, ya podrás comprar o pedir que te envíen gratuitamente fragmentos de libros que quieras ojear u hojear.

A continuación, debes descargar en tu ordenador el programa de lectura adecuado, el de Kindle para Windows PC (o para Mac, o iPad, o Android… según el caso). Puedes hacerlo desde aquí.

Una vez descargado, lo instalas haciendo doble clic (como cualquier otro programa) e introduces el email y contraseña que has utilizado al darte de alta en Amazon para registrar la aplicación de lectura. Así, cada vez que te conectes a Amazon y quieras comprar un libro o pedir un fragmento gratis, te lo enviará directamente a la biblioteca que se te habrá creado en tu ordenador (o en tu smartphone con Android, o en tu iPad…).

Ya está todo listo para comprar, por ejemplo, Cuestión de galones. Entras aquí, te identificas (email y contraseña) y a la derecha picas en Comprar y verás que propone enviarlo a Fulanito de Kindle para PC (por ejemplo). una vez hecho el pago con una tarjeta cualquiera de débito o crédito, en cuestión de segundos tendrás Cuestión de galones en tu ordenador, dentro de la librería de Kindle. Pincha en la portada del libro y ¡a leeeer!

Primera opinión sobre «Cuestión de galones»


Una semana después de su puesta a la venta, Cuestión de galones ya tiene su primera crítica. La firma José Luis Benavente en su blog Lector-e y comienza así:

Soy seguidor de Ricardo Bosque, autor de Cuestión de galones, en Google+, por eso en cuanto comentó que estaba disponible en Amazon su último libro decidí descargarme las primeras páginas a mi Kindle para echar un vistazo, aunque ya antes de leer las primeras líneas me llegó un mensaje por correo de Ricardo en el que me ofrecía la posibilidad de enviarme a través de su editor esta novela como regalo. Indico esto pero ya aviso que para nada afecta a mi valoración de la obra y es que si eso llegara a suceder en un futuro sería momento de coger los bártulos y marchar a otro lugar.

Lee la reseña completa en Lector-e. Después, corre a por tu ejemplar en cualquiera de las librerías que se muestran en la ficha de la novela en Literaturas com Libros. Menos de cuatro euros, oiga, la mejor relación calidad-precio del mercado.

Regálate «Cuestión de galones» por Navidad


Amigos y amigas, es un placer comunicaros que ya está disponible mi última novela, Cuestión de galones.

Como tal vez ya sepáis, sale como ebook y a un precio inmejorable de menos de 4 euros. Poco a poco se irán incorporando nuevos puntos de venta, pero de momento ya está en los necesarios como para que la puedas leer en tu Kindle desde Amazon, en tu iPod o iPad desde ibookStore de Apple y en cualquier dispositivo que admita el formato epub (prácticamente todos) desde otras dos tiendas.

No importa dónde vivas, no importa cuál sea tu presupuesto, estas Navidades no puedes dejar de invitar a tu casa a mi Ulises Sopena. Os divertiréis, seguro, es mucho más alegre que el de Joyce.

Os dejo aquí el enlace a la ficha de la editorial desde la que se puede acceder a cualquiera de las tiendas que lo venden.

http://literaturascomlibros.es/2011/12/17/cuestion-de-galones/

Que lo disfrutéis y espero vuestros comentarios.

Ulises Sopena, a punto de zarpar


Bueno, si nadie lo remedia, pronto, muy pronto, Cuestión de galones estará a disposición de todo el mundo mundial a través de puntos de venta como Amazon, Smashword, Grammata, Ibookstore de Apple, Casa del Libro, Corte Inglés, Barnes and Noble… Vaya, que Ulises zarpa por fin y navegará por los mares internáuticos con la finalidad lógica para un libro que es llegar a los lectores, los destinatarios para los que fue escrito.

Se pone fin así a una parte de la aventura literaria, la que supone unos cuantos meses de trabajo delante del ordenador y con una libreta siempre a mano en la que anotar las «genialidades» que a uno se le ocurren en el momento más insospechado. Y las sucesivas revisiones. Y las correcciones de lo que uno da ya por corregido mil veces y en las que siempre aparece una errata nueva o algo que no encaja como debiera.

Y arranca la aventura definitiva, esa que se inicia cuando el libro cae en las manos de los lectores y el autor espera, impaciente, el veredicto del respetable. Antes, por supuesto, un puñado de amigos -y además lectores y escritores en algunos casos- han tenido acceso a la versión original de la novela y su sentencia favorable y sus recomendaciones han terminado de hacer posible la novela definitiva. Ese puñado de amigos figuran en la novela que pronto podrás leer, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de darles las gracias desde aquí mismo. Gracias, Javier Abasolo, Mercedes Castro, José Andrés «Cruce de cables» Espelt, Jokin Ibáñez, Francisco José Jurado, Herminia Luque Ortiz y Jesús Lens por prestaros voluntariamente como conejillos de Indias con los que experimentar el resultado que podría provocar la novela en los lectores.

Pronto, supongo, llegarán las primeras críticas sobre la novela. Por si acaso son negativas, quiero cerrar esta entrada con las líneas que una de las primeras lectoras, Herminia Luque Ortiz, escribió hace ya año y medio en su blog Novela negra con lunares.

Y que Dios reparta suerte.

Este Ulises no surca las aguas del Mediterráneo oriental ni las tascas de Dublín. Comparte, eso sí, el descaro y la girovagia con sus homónimos literarios; pero Ulises Sopena, la criatura del estupendo escritor Ricardo Bosque, vive en una Zaragoza aveneciada del 2041 d.C.; la urbe pos-era-Belloch que ha visto inundadas sus calles y avenidas por esa cosa d elos alcaldes de quitar paro. Así, nuestro curtido héroe vive en «Los Lagos del Milenio»… en un palafito.

En el idilio mañanero de un domingo desayuna café con churros y lee la prensa en su e-book en la terraza de su vivienda. Y desde allí contempla el vuelo acre de las gaviotas. Como siempre, un muerto interrumpe lo verdaderamente importante (el ocio que siempre llega tarde, como reconoce nuestro personaje). Y una atrabiliaria compañera de trabajo (la subteniente Sara Fitzpatrick de la Policia Fluvial Metropolitana) llega en su moto acuática, enfundada en su mono de neopreno, para avisar al pobre incauto que siempre deja desconectado su teléfono móvil. El muerto es un personaje de cierta relevancia dentro de la fauna local. El jolgorio -se da por supuesto- no ha hecho más que empezar.

La novela fluye (nunca mejor dicho) con una facilidad pasmosa, trufado el discurso narrativo con los golpes de humor que caracterizan el estilo de nuestro «guapo zaragozano». Una delicia de novela. Entretenimiento y buen quehacer literario en estado puro.

Herminia Luque Ortiz, Novela negra con lunares

Cuestión de jerarquías


—Mi ruina, este asunto va a ser mi ruina. ¿Sabe usted cuánto me queda para retirarme y poderme dedicar a lo que me gusta, navegar en mar abierto y no en este estanque de mierda? Un año, Sopena, un año. Y quiero pasarlo sin que, como hoy, me den los buenos días por teléfono desde las más altas instancias.

—¿El Almirante General?

—Más arriba.

—¿El Presidente de Ibercaja?

—Más.

—No me diga que ha hablado con la Directora General del Heraldo… —ahora mi sorpresa no es fingida.

—Déjese de seguir el escalafón, Sopena. He dicho las más altas instancias, y con ello me refiero al Presidente del Consejo de Notables.

—¿El biministro?

—Por fin, coño, que parece usted tonto. El biministro en persona y hecho una furia, aunque su educación y cargo le obliguen a moderar sus impulsos, claro.

Joder, joder, joder, que esta vez se me ha ido la mano. El biministro, el hombre que asumió la alcaldía en un momento vital y convirtió la ciudad en lo que ahora es. El hombre al que tanto se criticó cuando yo era un niño por poner cuatro barcos a navegar por el Ebro y dijo: «¿No quieres taza? Pues toma dos». Y se sacó de la manga el llamado Plan de Navegabilidad Integral, para alegría de las constructoras y estupor de los ciudadanos en general, logrando que fluyera el agua a borbotones por la mayoría de las calles de la ciudad pocos años después de clausurada la Expo.

El hombre cuya estatua —quince metros de altura sobre el nivel de las aguas, incluido el pedestal— ocupa un lugar preferente en la confluencia del río Huerva con el Gran Canal que lleva su nombre.

Fragmento de Cuestión de galones

Cuestión de orientación


No sé tú pero yo, en ocasiones, siento la necesidad imperiosa de localizar en un plano los lugares por los que se mueve el protagonista de la novela que estoy leyendo en ese momento. Sobre todo, si no conozco esa ciudad.

Puede que esa misma necesidad se te plantee al leer Cuestión de galones. Puede que no conozcas Zaragoza, que nunca hayas visitado mi ciudad. Y puede -más bien estoy seguro de ello- que no conozcas la Zaragoza de 2041, que es en la que se desarrollan los casos protagonizados por Ulises Sopena.

Bien, afortunadamente todo tiene solución, así que aquí te dejo un plano de la ciudad de mitad del siglo XXI, más bien una carta de navegación por la cantidad de agua que recorre sus calles, incluidos algunos de los puntos clave de esta primera novela. Seguro que así no te pierdes.

Leyenda

1.- Cuartel de la Policía Fluvial Metropolitana, antiguo Campus de la Universidad de Zaragoza

2.- Estadio de la Romareda

3.- GCAB: Gran Canal Alcalde Belloch

4.- Estatua erigida en honor al alcalde Belloch, sita en la conocida como plaza de Paraíso

5.- Domicilio de Carmen Estarrún, uno de los personajes de la trama y perdición de Ulises Sopena

6.- Lagos del Portillo

7.- Canal Imperial de Aragón

8.- Puente de América, lugar en el que es encontrado el cadáver de Quino Lerín, portero titular del Zarawater, equipo de waterpolo de la ciudad

9.- Lagos del Milenio, urbanización de palafitos en la que reside el capitán Ulises Sopena

Asesinato en Torrero


Como decía otro día, Mauricio Aznar, al frente de la banda de rockabilly Más Birras, componía allá por los años 80 del siglo pasado Asesinato en Torrero, la canción con la que arranca Cuestión de galones. Te dejo la letra; la música, la buscas por los conductos habituales.

Canal Imperial de Aragón. Puente de la Avenida de América. Zaragoza

Hay un principio, 
hay un final, 
quién pasea por la orilla del canal. 
Nunca preguntes 
quién va detrás, 
baila sobre el barro y lo sabrás.

Hay veces que muere gente en la ciudad, 
casos que no se resolverán, no. 
No tengo errores, no dejo mis huellas, 
No hay motivo para sospechar.

Siempre trabajo aquí en Torrero 
junto a la cárcel y el cementerio. 
Me tomo un tiempo de reflexión 
y cumplo con mi obligación.

Cuando llega el momento estoy tranquilo. 
Le miro a su cara, me aseguro bien, oh. 
No tengo errores, soy un profesional. 
Jamás tengo mi mano al disparar.

Hay un un principio, 
hay un final, 
quién pasea por la orilla del canal. 
Nunca preguntes quien va detrás, 
Si yo cobro por matar.

Me podrás ver bajando por el parque 
o tomando una copa en el bar, oh. 
No huyo de nadie, no soy un criminal. 
Es solo mi trabajo, es mi trabajo y nada mas. 
Nada mas.

Terrores nocturnos


Uno de los recurrentes terrores nocturnos de Ulises Sopena tiene que ver con el visionado de una película que hizo época cuando su padre tenía aproximadamente un año. Él -el padre- la vio un tiempo después, en una de las muchas ocasiones que la pasaron por televisión. No sólo eso, sino que también terminó comprándose una edición especial -la denominada “del director”, como si las otras las hubiese filmado la señora de la limpieza- con extras, tomas falsas, entrevistas…

Cuando Ulises tenía algo menos de 10 años, su padre consideró que había llegado el momento de que el chaval viera cine del bueno. Así que preparó un cuenco gigante de palomitas en el microondas y allá que se sentaron los dos frente a la tele de plasma de 42 pulgadas que presidía el salón de su casa en Zaragoza -Ulises, haciendo algo de memoria, puede recordar que se habían trasladado de Bujaraloz a la capital un par de años antes.

También puede recordar Ulises que el jefe de policía, un tal Brody, tenía absoluta fobia al agua. Que Amity Island era una pujante zona turística, con unas bonitas playas y un alcalde imbécil. Y que una chica se bañaba desnuda en el mar -por desgracia para Ulises, a la chica no se le veía nada de nada- mientras una banda sonora -algo así como chuu-rún, chuu-rún, churun churun churun churun…- presagiaba que algo malo iba a pasar de un momento a otro.

A la chica se la comen y Ulises casi muere del susto cuando un submarinista se sumerge en las profundidades del océano, empieza a nadar alrededor de un barco hundido y ¡zas!, de repente, sale una cabeza por un ojo de buey con un ojo colgando -colgando de la cabeza, no del buey.

Su padre insistía en que la cabeza era de goma, la sangre era Ketchup y que la chica no iba a salir en pelotas porque podía haber niños viendo la peli de los… pero Ulises sólo sabe que, desde entonces, muchas noches no puede evitar mirar debajo de la cama por si hay un tiburón acechándole.

Que viviendo en medio de un lago, cualquiera sabe lo que puede pasar.

My name is Francis Mathews


Recuerda Ulises que una amiga de sus padres, allá en Bujaraloz, solía decir que a ella lo que le gustaba de verdad era la música clásica: Manolo Escobar, Julio Iglesias, Perales, Los del Río…

Ulises, sin llegar a esos extremos tan exquisitos -como he dicho por aquí en alguna ocasión-, tampoco es que tenga los gustos refinados de otros compañeros de profesión. No le gusta la clásica, no entiende el jazz, a la ópera no ha ido en la vida… No, lo suyo es mucho más sencillo: lo que ponen en la radio, lo que escuchaba su madre cuando él era un crío -música en cierto modo clásica también, pues estamos hablando de hace treinta y tantos años, toda una vida, ya ven ustedes- y lo que sale por las ventanas del palafito de la vecina, doña Lucía, que o bien es sorda selectiva o pretende ser la reina del hilo musical de la urbanización.

De vez en cuando pone canciones de época que Ulises recuerda de cuando las cantaba como buenamente podía su madre, en un inglés absolutamente macarrónico que no iba más allá de “My name is Francis Mathews” -que no es la señora se llame así, pero es lo único que aprendió de un curso por fascículos que empezó en un mes de septiembre -que es cuando empiezan todos los cursos por fascículos- de hace muuuchos, muchos años y que, por lo visto, jamás llegó a terminar.

Bueno, a lo que iba, que se me va el santo al cielo. Pues que una de esas canciones es de las que alegran el corazón, al menos el de Ulises cuando lo tiene un poco roto o cuando está apesadumbrado o agobiado por el trabajo y sus circunstancias. Tanto se anima con ella que, cada vez que la escucha y aunque es un auténtico pato en lo que a baile se refiere, es incapaz de permanecer quieto y trata de mover el esqueleto intentando seguir el ritmo. Yo la dejo aquí por si le quieres echar una oreja. Si los pies se te van detrás es problema tuyo.