Cómo escribir una novela lisboeta sin utilizar la palabra Lisboa


“La vida de Antonio es aterradora. Su mujer, Marina, sólo le dirige la palabra para menospreciarlo. El vecindario es tan deprimente como su casa y en la escalera reina don Ángel, un estraperlista cuco que siempre sabe demasiado. En el ministerio nadie se fija en Antonio: es el perfecto hombre invisible. En el cine, tras terminar la última sesión, barre y limpia la sala bajo la despreciativa mirada del encargado Campos (un falangista importante con contactos fiables en la DGS). A Germán, único hijo del matrimonio, combatiente de la columna Durruti desaparecido hace ya diez años, ambos lo dan por muerto.

Dos acontecimientos cambian de golpe la existencia de Antonio. Pepe, el único conocido que tiene en el ministerio, le informa de cómo ha sabido que German está vivo, y además en Madrid. Durante la proyección, esa semana, de la míticaCasablanca (Michael Curtiz, USA, 1942) Antonio ha descubierto que algo sucede tras la oscurecida pantalla…”

Esto es parte de lo que dice Manu López Marañón en su reseña para Calibre .38 de mi primera novela, inicialmente editada en papel (ya descatalogada), posteriormente digitalizada por la editorial Literaturas com Libros y ahora disponible en impresión bajo demanda (en 4 días en tu casa por menos de 10 euros) para los más fieles a la celulosa.

Si quieres leer qué más dice de la novela, aquí tienes la reseña completa.

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Relato: “De esta noche no pasa”


Esta noche lo ha vuelto a hacer. Y mira que se lo he dicho cientos de veces. Porque yo podré ser buena, pero tonta, no.

Ha salido de casa, como cada noche, a eso de las ocho y media, nueve menos cuarto. Primero da un paseo breve por las calles del barrio –acostumbra a elegir las menos iluminadas–, pero siempre termina en ese café que hay a dos manzanas de aquí. Yo no le he seguido nunca, hasta ahí podíamos llegar, pero son muchos años viviendo juntos como para no saber exactamente lo que hace en cada momento. Él estará como siempre, acodado en la barra, bebiendo una cerveza y fumando uno tras otro sus apestosos cigarrillos. Ella le estará mirando a través del cristal con esa cara lánguida que tan bien sabe poner, los ojos tristes y deseando que alguien se pare a su lado y le dé unos minutos de conversación.

Luego llegará con su maldito olor a tabaco y jurando que ni siquiera ha encendido un cigarrillo; como si yo no supiera que, si no fuera por fumar, para luego iba a tener tanto interés en sacar cada noche de paseo a la perra… pero de hoy no pasa: no pienso consentir que siga trayendo ese olor asqueroso que no hay manera de arrancar de las cortinas ni gastando un bote entero de ambientador.

Muere Harry Dean Stanton, actor de Alien, El padrino y Twin Peaks


Stanton, quien apareció en unas 70 películas y varias series de televisión, ha fallecido en el hospital Cedars Sinai de Los Ángeles, según ha informado a The Hollywood Reporter su agente, John Kelly. El intérprete, cuya larga trayectoria profesional se extiende por filmes comoCool Hand Luke (1967) o Alien (1979), tal vez tuvo su papel más reconocido en la aclamada serie de David Lynch, Twin Peaks, así como en su revival.
http://m.europapress.es/internacional/noticia-muere-91-anos-actor-estadounidense-harry-dean-staton-20170916054518.html

6 ladrones, 6, de la ganadería Robert Kirkman


Conrad Paulson ha sido el ladrón de ladrones (con el nombre de Redmond) por excelencia…Hasta ahora. ¿Quiénes son sus rivales? ¿Será capaz de ser más listo que ellos en su golpe más arriesgado hasta la fecha?

Serie creada por Robert Kirkman (Los muertos vivientes, El asombroso Hombre Lobo), con un mismo dibujante (Shawn Martinbrough) y varios guionistas (el más habitual, Andy Diggle) que ya ha llegado a su sexta entrega manteniendo el interés que ya despertó con la primera.

Larga vida (aunque no tanta como a los muertos, que ya empiezan a cansar) a Redmond y familia.

Aunque Lisbeth se vista de seda…


Lisbeth Salander tiene nuevo rostro: Claire Foy, la estrella de ‘The Crown’ https://www.espinof.com/proyectos/lisbeth-salander-tiene-nuevo-rostro-claire-foy-la-estrella-de-the-crown

17 años después, Lisboa vuelve al papel


En junio de 2000 se ponía a la venta mi primera novela, una historia que había comenzado a escribir tres años antes (veinte ya, qué barbaridad): El último avión a Lisboa.

A pesar de no pretenderlo, a pesar de que todavía no estaba volcado al 100 % en el género criminal, la cabra tira al monte y, sobre todo en su segunda mitad, la novela fue adquiriendo tintes negros o, al menos, de un gris muy oscuro.

La editorial desapareció, cuenta la leyenda que la edición se agotó y es ya difícil encontrarla en librerías ni siquiera de segunda mano. Es por eso que, hace unos años, quise darle una segunda vida, esta vez digital, a través de la editorial Literaturas com Libros (en la que puedes encontrar igualmente el resto de mis novelas en formato ebook), para la que reescribí la novela de principio a fin: el mismo fondo, la misma historia, los mismos personajes con sus mismas relaciones pero adaptada a mi nueva manera de ver las cosas y, sobre todo, corrigiendo esas carencias literarias que tenía la primera versión y que el editor, en su momento, no supo o quiso ver.

Pues bien, consciente de que todavía hay muchos lectores que prefieren lo físico a lo inmaterial, 17 años después de esa edición original, 20 después de su concepción, Lisboa, mi Lisboa, vuelve al papel aprovechando las posibilidades de la impresión bajo demanda, a un precio que considero muy razonable (10 eurillos, un par de copas en un bar barato) y al alcance de un clic de ratón.

En cuanto a las virtudes de la novela, no diré nada al respecto, simplemente me permito enlazar lo que en su día comentó sobre ella David Gómez en su blog Cruce de caminos o Marta Marne en el imprescindible Leer sin prisa.

Y ahora, si te apetece, no tienes más que seguir este enlace y hacerte con un ejemplar que te llegará a tu domicilio en 4 o 5 días. Por supuesto, el ebook sigue estando disponible para que puedas elegir según tus preferencias.

¿Me acompañas en este viaje a Lisboa?

De magufos y riñones extirpados: “El costado derecho”, de Francisco Bescós


Lo que tienen las malas rachas es que uno sabe cuándo comienzan pero jamás cuándo van a llegar a su fin. La de Carlos Nogueroll comenzó en el momento en su mujer, Ángela, le obligó a deshacerse de su Honda CBR 900 -“date cuenta, cariño, que tienes un hijo y tu hijo no te necesita muerto y, todavía menos, paralítico de por vida”- al tiempo que la Thermomix entraba en su hogar.

Con esas premisas, lo menos que te puede pasar es que, siendo constructor, te pille de lleno la burbuja inmobiliaria y pierdas el negocio, te separes de la mujer y pierdas la casa y el hijo, comiences a trabajar en la sección de materiales de construcción de Leroy Merlin y pierdas un riñon por un error médico cuando lo único que pretendías es que te eliminasen unas piedrecillas de nada.

¿Se puede perder algo más en esta vida? Pues sí, la cordura, algo que puede suceder si tienes un compañero magufo dispuesto a convencerte con “pruebas irrefutables” de que, de error, nada. De que si te han pagado una indemnización sin discutir es porque no les interesa ir a juicio y que se descubra todo lo que hay detrás de una trama criminal que llega desde las entrañas del CSIC hasta la probadísima colaboración con entes extraterrestres. De que deberías averiguar todo lo posible acerca de la identidad del afortunado receptor de tu sanísimo riñón.

Francisco Bescós (VIII Premio Internacional Ciudad de Carmona con El baile de los penitentes) desarrolla en El costado derecho una historia francamente original, triste en su fondo por todo lo que supone el drama que sufre Nogueroll (y todos podemos ser un poquito noguerolles en estos tiempos de precariedad absoluta que nos ha tocado vivir) pero divertida por la forma en que está contada (o porque en España somos especialistas en reírnos de nuestras desgracias), surrealista por momentos, melancólica en los recuerdos de juventud del protagonista, cercana a la locura cuando éste se plantea que el trasplante de un órgano puede derivar en el trasplante de una personalidad, de lo que siempre quisiste tener y alguna vez tuviste, un descenso a los infiernos que adquiere toques de thriller (o algo así) sobre todo en su tercio final, cuando a cada paso que da Nogueroll más cosas se derrumban a su alrededor hasta el cataclismo final y solo tiene algo a lo que aferrarse: un simple cutter comprado en la sección de ferretería de la tienda en la que trabaja.

Queda algo más no obstante: la luz, la luz siempre al final del túnel.

Queda esperanza. Al menos con eso me quiero quedar de esta impecable segunda novela de Francisco Bescós.

Un Big Data para controlarlos a todos (los libros)


540 puntos de venta transmitiendo diariamente sus datos de ventas y stocks a una gran base de datos, que se cruzarán con los datos de CEGAL para que los editores accedan a información acerca de las ventas de sus títulos, de los títulos de la competencia, de dónde se venden mejor, de si es necesaria una reimpresión, de qué ventas está obteniendo el autor al que le gustaría fichar para su empresa… Lo dicho:

Una Red para gobernarlos a todos (los libros). Una Red para encontrarlos.
Una Red para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.

http://www.cegal.es/librired/

Montalbacina: “Prescribir en caso de aburrimiento, apatía o astenia primavero-criminal”.


Las novelas de Andrea Camilleri deberían llevar, en la faja promocional que suele acompañarlas, la siguiente leyenda: “Prescribir en caso de aburrimiento, apatía o astenia primavero-criminal”.

Al menos, a mí la medicación me funciona de maravilla y constituye el mejor remedio para aquellos momentos en que me encuentro saturado del género, aburrido de leer siempre lo mismo, agobiado por la cantidad de lecturas pendientes -y con las que me siento comprometido- y que, vete tú a saber por qué, no me apetece acometer.

Y es curioso lo que acabo de escribir de “aburrido de leer siempre lo mismo”, porque con Camilleri -con Montalbano en realidad- se trata de combatir la enfermedad con una especie de vacuna, es decir, mediante la inoculación de una pequeña dosis -algo más de doscientas páginas- del propio virus.

Lee mi reseña completa en Calibre .38

Me gusta el fútbol, la heterodoxia… y la novela negra


Aunque esté mal decirlo, soy autor de dos novelas de género criminal -probablemente ahora se adscribirían a la corriente domestic noir– protagonizadas por una florista que tiene, como segunda actividad, la de suicidar a clientes que contratan sus servicios por no ser capaces de quitarse la vida por sí mismos. Otra de mis novelas del mismo género está ambientada en una Zaragoza navegable en el años 2041. Si te pica la curiosidad, aquí tienes más información al respecto.

Disfruté como un loco con Morir no es tan fácil, de Belinda Bauer, uno de cuyos narradores es un enfermo en coma que ve cómo su compañero de habitación es asesinado por el médico que debería cuidar de su vida. También con Sorry, de Zoran Drvenkar, en la que cuatro amigos que deciden montar una agencia para hacer lo que a mucha gente le resulta francamente difícil: pedir perdón. Con Mi nombre era Eileen, de Otessa Moshfegh, un bombazo del que hablaremos pronto y bien. Y con las novelas de Alexander McCall Smith protagonizadas por Mma Ramotswe, la primera detective de Botsuana. Con Hambre a borbotones, con una familia de caníbales como protagonistas absolutos. Con las novelas de Carlos Salem, con las de Donald Westlake protagonizadas por el bueno de Dortmunder, con las de Leif GW Persson -el único escritor sueco y vivo que demuestra que el frío no es incompatible con el sentido del humor-, con las novelas de corte oriental de Keigo Higashino, Natsuo Kirino o Masako Togawa

Y, sin embargo, todavía hay quien sin conocerme se atreve a decir que soy un ortodoxo de la novela negra, que no me gustan las autoproclamadas nuevas damas del crimen -todas ellas televisivas y que, inevitablemente, lo petarán en Sant Jordi- porque soy de gustos clásicos.

Pues bien, añadamos otra novela tan ortodoxa como las anteriores para ver si así empiezan a conocerme mejor -tampoco me importa mucho, por otra parte-, llegada de Argentina, candidata al Hammett en 2014 y editada ahora por la sevillana Barrett (en homenaje al más sicodélico de los Pink Floyd): El último milagro, de Horacio Convertini.

“El Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más populares de Argentina, se encuentra en crisis terminal y a punto de descender a segunda división. Para salvar la situación, una empresa japonesa se ofrece a implantarle un chip a Franzoni transformándolo en el mejor jugador del mundo, superando a Messi y Maradona juntos, ya que puede ser controlado desde la grada por el campeón mundial de PlayStation. Todo envuelve a sus personajes en una trama sangrienta llena de intriga, lo que hace de esta novela un inquietante exponente del género negro.”

¿Qué? ¿Ortodoxa, también?

Pues hale, si quieres conocer mi opinión sobre tan estupenda novela que no debería pasar desapercibida -y que si tú sí, me conoces, comprarás sin duda- no tienes más que leer mi reseña en Calibre .38.

Y disfrutar de la novela, que seguro lo vas a hacer si eres tan poco clásico como yo.