Insta-reseñando “Un filo de luz”, de Andrea Camilleri

Que pase el siguiente, y este creo que lo voy a disfrutar

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Cada vez que hago la tontería de arrojar una moneda a alguna fuente (famosa o no) haciéndola pasar por encima de mi hombro me formulo el mismo deseo: de mayor quiero ser Camilleri, 90 años y un humor y una lucidez a prueba de bombas.

Lo demuestra de nuevo en la última novela de la serie de Montalbano que acaba de llegar a las librerías, Un filo de luz, en la que queda patente que los dos sicilianos (autor y personaje) se encuentran en plena forma.

Montalbano me alegra el día, las dos tardes del fin de semana, haciéndome disfrutar con sus problemas con las mujeres (los habituales con Livia y los recién adquiridos con Marian, su última conquista), su adoración por Adelì, su relación personal y profesional con Catarella, Fazio, Gallo y Mimì Augello que, una vez más, se mete de lleno en su papel de policía astuto y ligón profesional.

Disfruto con los sueños del comisario, a quien Camilleri parece dotar cada día de más libertad para conducirse como le venga en gana (supongo que son privilegios de la edad o que la veteranía es un grado).

Disfruto con sus comidas en la trattoria de Enzo y con sus paseos por el espigón hasta esa roca en la que, desde hace algún tiempo, una familia de cangrejos es testigo de las reflexiones de Salvo.

Disfruto con los temas habituales en el siciliano: los cuernos, los celos, los contactos informales con representantes legales de la mafia, la inmigración… Si algo funciona, para qué cambiarlo, ¿no? Y, además, ¿no son esos los motivos por los que se mata en cualquier parte razonable del mundo y no por esa peregrina e incomprensible razón de los serial killers de desafiar al investigador al mando del caso?

Disfruto porque, con el tiempo, todos estos personajes son parte ya de mi familia. Y disfruto y aplaudo con las orejas un desenlace (uno de los desenlaces, que Camilleri siempre o casi siempre obliga a Montalbano a resolver más de un caso por novela) inesperado, sorprendente y altamente emotivo que conecta a comisario y lector fiel con el pasado literario del personaje, con algo sucedido en una de las primeras novelas de la serie y que marcó durante un buen tiempo la vida personal de Salvo y Livia.

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