Jim “Edipo” Thompson. Un asunto de familia (1 de 2)

“Me voy, porque ya he dicho aquello para lo que vine, no porque tema tu rostro. Nunca me podrás perder. Y te digo: ese hombre que, desde hace rato, buscas con amenazas y con proclamas a causa del asesinato de Layo, está aquí. Se dice que es extranjero establecido aquí, pero después saldrá a la luz que es tebano por su linaje y no se complacerá de tal suerte. Ciego, cuando antes tenía vista, y pobre, en lugar de rico, se trasladará a tierra extraña tanteando el camino con un bastón. Será manifiesto que él mismo es, a la vez, hermano y padre de sus propios hijos, hijo y esposo de la mujer de la que nació y de la misma raza, así como asesino de su padre. Entra y reflexiona sobre esto. Y si me coges en mentira, di que yo ya no tengo razón en el arte adivinatorio.”

Edipo Rey. Sófocles

edipo reyEL MITO DE EDIPO

Aunque es posible encontrar diversas versiones del mito de Edipo, tal vez la más conocida y que voy a resumir aquí sea la que nos llega a través de Sófocles y su tragedia “Edipo Rey”.

Cuenta la leyenda que en la ciudad de Tebas reinaban Layo y Yocasta. El rey, supersticioso como buen griego de la época, consultó al oráculo de Delfos sobre cómo le iría en el matrimonio, a lo que el oráculo contestó diciendo que engendrarían un hijo que le daría muerte. No es extraño entonces que, cuando Yocasta alumbró un bebe, el rey dispusiera que fuera asesinado por uno de sus criados. Éste no pudo cumplir la orden y simplemente lo abandonó atado de pies y colgado de un árbol (de ahí la procedencia del nombre, pues Edipo significa pies hinchados), de donde lo rescató un pastor y finalmente fue adoptado, cosas del destino, por la reina de Corinto.

Llegada la adolescencia, Edipo sospecha de sus orígenes y decide pasar igualmente por la consulta del oráculo, quien le responde: “serás el asesino de tu padre, esposo de tu madre y engendrarás una raza maldita de dioses”. Convencido de que sus padres eran los reyes de Corinto, decide huir a Tebas. De camino, se cruza con un desconocido al que toma por el jefe de una banda de ladrones y, en el transcurso de una pelea, le mata. Acaba de asesinar, aunque no lo sepa, a Layo, su auténtico padre.

Por aquel tiempo apareció en las proximidades de Tebas un monstruo espantoso, con cabeza y torso de mujer, cuerpo y cola de león y grandes alas, la Esfinge, que devoraba a todos los viajeros que no solucionaban el enigma que les planteaba. El padre de Yocasta, que había asumido el trono desde la muerte de Layo, ofreció a su hija y su reino a aquel que acabara con la Esfinge, que no podía ser otro sino Edipo. Así acabó casado con su madre, con quien tuvo cuatro hijos.

Cuando, mucho tiempo después, Edipo y Yocasta supieron toda la verdad, ésta se suicidó horrorizada al conocer el incesto cometido y Edipo se arrancó los ojos para no ver los resultados de su desgracia.

EL COMPLEJO DE EDIPO

Si bien nadie puede poner la mano en el fuego acerca de la veracidad de esta leyenda, Sigmund Freud no dudó en acudir a ella para explicar lo que denominó como complejo de Edipo. Según el médico austríaco, se repite sistemáticamente en la fantasía de todo niño en la llamada etapa edípica, caracterizada por un intenso afecto del niño o niña hacia el progenitor del sexo contrario, contrapuesto a una situación de celos y deseos de destrucción del progenitor del mismo sexo. La teoría psicoanalítica intenta dar una explicación a las neurosis y psicosis partiendo de este conflicto del que parece que nadie puede escapar.

La conflictiva edípica es extremadamente compleja, pero de una manera muy esquemática podríamos visualizarla como el triángulo afectivo del niño en relación a sus padres, de modo que se ve envuelto en una maraña de sentimientos hacia ellos: en el caso del niño varón y en la forma de complejo de Edipo positivo, tendrá como primer objeto de amor a su madre, hacia la que desarrolla instintivamente con el tiempo un sentido de posesión. Esto le conduce a un conflicto con el padre a quien ve como un rival amado y odiado a la vez, mezcla de sentimientos conocida como ambivalencia. Ante esta situación el niño proyecta su odio hacia el padre y comienza a temerlo en la medida que se convierte en un objeto cada vez más peligroso, así que imposibilitado de enfrentar la situación opta por renunciar al amor hacia la madre e identificarse con el padre resolviendo así el conflicto.

De acuerdo con la teoría psicoanalítica clásica propuesta por Freud, el modo en que cada individuo resuelva su conflicto edípico determinará en parte su estabilidad emocional en la vida adulta. Para Freud el complejo de Edipo es el punto de partida de todas las neurosis y psicosis.

HASTA EN LAS MEJORES FAMILIAS

Podríamos pensar que los profesionales dedicados a los servicios sociales, cuando acuñaron el término “familia desestructurada” –continuamente en boca de médicos, profesores y periodistas para describir todo aquello que huela a marginalidad–, tenían en mente la familia tipo descrita sistemáticamente por James Myers Thompson a lo largo de toda su producción literaria. Un tipo de unidad familiar inspirada, evidentemente, en la suya propia.

jim thompson
Jim Thompson

Es una práctica frecuente en muchos escritores recurrir a vivencias propias a la hora de perfilar algunos rasgos que caracterizan a los personajes de sus novelas, ya sean principales o secundarios. O introducir dentro de la trama situaciones reales, descritas tal y como pudieron suceder o retocadas en mayor o menor medida. Así, un lector bien informado podrá, a través de los personajes de ficción, acercarse al padre de las criaturas. En Jim Thompson esto es marca de la casa, hasta el punto de que en todas y cada una de sus novelas se aprecian multitud de detalles autobiográficos, con gran protagonismo de la figura del padre, que le sirvió de inspiración evidente en la creación de uno de sus personajes recurrentes: el sheriff corrupto, el político sin escrúpulos, el triunfador que desciende a los infiernos de la absoluta miseria.

Tras publicar unos cuantos relatos de temática criminal basados en hechos reales que le suministran su madre y su hermana, tras pasar por múltiples trabajos, tras casarse y tener tres hijos y después de prometer que jamás volvería a vender un solo relato, Jim Thompson escribe en dos semanas, en jornadas de veinte horas diarias, su primera novela, “Now and On Earth” (Aquí y ahora, 1942). Es una historia con abundantes y palpables elementos autobiográficos: basta con sustituir ligeramente el nombre del protagonista, James Dillon, por el del autor, y tendremos ante nosotros el retrato de una familia norteamericana de la Depresión, la familia de Jim Thompson. Retrato que perfilará más tarde en sus otras dos novelas autobiográficas, “Bad Boy” (1953) y “Roughneck” (En bruto, 1954, continuación de la anterior).

A veces de modo un tanto desordenado, en ocasiones con descripciones arduas sobre procedimientos industriales correspondientes a algunos de los trabajos desempeñados por el protagonista, “Aquí y ahora” es una novela imprescindible para conocer el universo thompsoniano, la clave para descifrar los complejos y contradictorios códigos de conducta de muchos de los personajes que conoceremos en trabajos posteriores. Pero es, ante todo, una confesión en toda regla sobre los odios, los amores, las admiraciones, los desprecios, los celos, los sentimientos fraternales que le acompañaron a lo largo de toda su vida. Como en cualquier familia que se precie.

aqui y ahora

Bajo un mismo techo a pesar de los sucesivos traslados de domicilio por cuestiones laborales, James Dillon vive con su mujer y sus tres hijos, uno de los cuales, la pequeña Shannon ha llegado al mundo desobedeciendo los intentos de la madre por provocarse un aborto. Y si era poca desgracia tener una boca más que alimentar, la niña nace diez minutos antes de Navidad; si hubiera aguantado unos minutos más en el vientre materno, Shannon se habría convertido, siguiendo la tradición local, en una especie de propiedad municipal y todos los bancos y tiendas habrían aportado su granito de arena para que a la familia no le faltase de nada. Pero, ¿por qué la vida iba a comportarse meridianamente bien con una familia como la de Dillon?

Con los Dillon viven también su madre y una de sus hermanas, Frankie; la otra, Marge, hacia la que siempre ha sentido unos comprensibles celos al ser la preferida de papá mientras él siempre era menospreciado, se incorporará más adelante al clan, concretamente cuando decida dejar atrás a su marido enfrentado a graves problemas económicos.

Quien casi nunca está es el padre, el hombre admirado y despreciado por James a partes iguales. El hombre que nunca tuvo una palabra amable para su hijo a pesar de ser éste el único que se molestaba en conseguir los medios para sacar adelante a toda la familia y a quien siempre tuvo por un fracasado. Lo mismo que vemos también, por ejemplo, en el psicópata sheriff Lou Ford, el protagonista de “The Killer Inside Me” (El asesino dentro de mí, 1952), a quien su padre siempre reprochó no haber llegado a médico como a él le habría gustado en lugar de conformarse con ser un simple funcionario al servicio del orden público.

La culminación de su condición de fracasado, que el propio Jim James Dillon Thompson asume con resignación, llega con su incapacidad para sacar al padre del sanatorio en que se encuentra recluido. A pesar de las promesas realizadas en el momento de su ingreso de volver a buscarlo en el plazo de un mes, el duro trabajo que supone escribir una novela en dos semanas y su vuelta al alcohol le impiden llegar a tiempo a su última cita: el padre se ha suicidado ingiriendo el relleno de un colchón. Edipo ha cumplido lo que le marcaba el destino.

Continúa en Jim “Edipo” Thompson. Un asunto de familia (2 de 2)

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